
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
(Según me lo contó Sierra, el plomero asiduo de la Escuela de la Historia Vegabajeña)
En la década de 1950, al esposo de una maestra querida de Vega Baja que tenía una tiendita frente a la Escuela Superior por la calle Julián Blanco Sosa, lo apodaban «el embustero», aunque yo creo que era más un humor escondido que tenía en sus conversaciones que intento de empaquetar a la humanidad.
En una ocasión fue a la Plaza a despedirse de sus amigos de tertulia, porque «lo habían contratado para engrasar el eje imaginario del planeta» y en efecto, estuvo ausente como tres meses. Hubo gente que no se dió cuenta de sus palabras y de verdad, creyeron su cuento. Se supo que no estaba en su casa, pero nunca donde fue a realizar ese supuesto trabajo.
