El Día de la Recordación para los vegabajeños

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

He vivido entre dos veteranos que sirvieron a la nación americana. Mi padre y mi hijo de igual nombre dedicaron un espacio de sus vidas para residir por un tiempo entre soldados de distintas partes de Estados Unidos y del mundo. Afortunadamente y particularmente con mi hijo, que fue en mi tiempo, no sufrí noticias de pérdidas de vida, desmembramientos o incapacidades de ellos mientras estuvieron activos, ni luego. Ambos aprovecharon su estancia, terminaron honorablemente su aportación de tiempo y aun son compensados por lesiones recibidas. Tienen también asegurado, si quieren, un pedazo de terreno en uno de los cementerios nacionales de Puerto Rico a su fallecimiento.

De Vega Baja, hay algunos soldados que fallecieron en combate. El más famoso es Carlos Román Brull, cuyo nombre lo lleva el parque atlético en sus versiones del pueblo y de Cabo Caribe. El nombre fue seleccionado por su impresionante fallecimiento y no por sus méritos como deportista, que tambien lo era, en un tiempo en que el pueblo de Vega Baja no tenía los medios de comunicación que hoy día tiene y todo era más lento y con noticias esporádicas, sin avisos previos.

El Día de la Recordación comenzó después de la Guerra Civil en Estados Unidos. Para entonces se conocía como el Día de la Decoración, pues lo que se acostumbraba era decorar las tumbas de los soldados caídos. Desde 1971 es oficialmente el Día de la Recordación, distinguible al Día del Veterano. No hemos encontrado vegabajeños muertos en combate en la Guerra por la Independencia, la Guerra Civil de Estados Unidos ni en la Primera Guerra Mundial. Tampoco sabemos quién fue el primer vegabajeño muerto en combate. Historiar la parte vegabajeña en esa búsqueda debería empezar por las batallas entre los aborígenes y los colonizadores en nuestra área y luego en la participación de vegabajeños en las batallas que se libraron entre españoles y criollos contra los invasores de otras naciones.

He visto nombres vegabajeños en el mural de recordación de víctimas fatales de Vietnam en Washington, D.C. y he llorado al recordarlos. Es impresionante lo que esa palabra «recordar» significa para un ser humano que ve a un amigo o un familiar, que sufre su partida y luego no tiene la oportunidad de retomar conversación porque falleció en combate,

Las guerras son criticadas. A los que se dedican a la milicia y en especial al combate, no se les aprecia como a las personas que escogieron una vida civil ordenada. Sin embargo, muchos evadieron el servicio obligatorio desviando su servicio a una fuerza de seguridad menos riesgosa como la Guardia Nacional de Puerto Rico. Para ese cambio había fuerzas política partidistas que permitía evadir el servicio militar obligatorio. A otros que objetaban por consciencia, los denunciaban, arrestaban e incluso, los encarcelaban. Los menos afortunados, fueron obligados a ir al campo de guerra y algunos murieron allí.

Hay la idea de que nuestros combatientes caídos están sepultados en el Cementerio Nacional de Bayamón o que los futuros héroes pudieran ser sepultados en el reciente cementerio construido en Morovis. No es así. El mismo Carlos Román Brull está con su tumba solitaria en una parte del cementerio viejo de Vega Baja. Una vez mi padre, que estuvo en ese sepelio y que era su amigo, denunció que su tumba estaba abandonada. Precisamente, este día es para recordar a esas personas, que se convierten en polvo al descomponerse sus elementos, pero cuya valentía y sacrificio debemos todos apreciarlos siempre y aunque ya no quede nada material de ellos, nunca borrar de la historia su legado.

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