
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
La vida del ser humano está sujeta a ciclos. La concepción, la creación del cigoto y el feto, la formación de la integridad física humana en el aspecto físico y su evolución en distintas etapas no son al azar, sino que ya vienen programadas. Igual es la vida mental, espiritual y síquica.
Los antiguos lo descubrieron sintiendo y observando. Modernamente lo aprendemos mayormente por la educación, pero a veces nos rebelamos contra ese principio natural y olvidamos nuestras insuficiencias, en la creencia de que somos más poderosos. En ese amor y desamor con nosotros mismos, queremos vivir una vida sin descansos y nos atrevemos a ir sobre nuestros límites.
Las religiones proponen los espacios para la reflexión, la meditación, el rezo y la oración, pero además escogen un día de descanso al menos, trabajar de sol a sol y descansar en la noche. Esa oportunidad la tenemos para la comunicación donde conocemos cómo va nuestro interior en forma de ensueño, sueño, transportación síquica a lugares especiales y sobre todo, en el contacto con Dios.
Para esa tercera parte del día y un día completo de descanso es el consejo sabio. No podemos sustituirlo con otras alternativas, pues no podemos poner a prueba nuestro cuerpo en niveles inalcanzables. El descanso es irremplazable e impostergable. Es parte del conjunto de instrucciones que si no seguimos, nos sobrevendrá una crísis física, mental y espiritual.
Aprovechemos el domingo para descansar y la tercera parte de cada día de semana para regenerar nuestras fuerzas y estar en armonía con el universo.
