
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Todos los días, al levantarme y acostarme, guardo espacios para meditar. Primero hago unos ejercicios de respiración sencillos para que mi sistema pueda oxigenar bien e inspiro para tomar aire. Luego expiro con unos sonidos que he aprendido y que se destinan para el mantenimiento de partes específicas del cuerpo.
Cada sonido es diferente al del día anterior, por lo que son siete sonidos distintos a la semana. Eso me ayuda a mantener un balance, óptima salud y una oxigenación que para un asmático no es nada mal.
Las tribulaciones que luego se me presentan son un reto. Diría que ninguna de ellas me las provoco. Son circunstancias de lo que muchos esperan de mi, pero son reales, que no evito sino que enfrento, porque no se pueden dejar cabos sueltos en esta vida. Cuando esto ocurre, la preocupación se convierte en una de las agendas del día o a resolver cuando se pueda.
Si todos los días no son iguales, las cosas que se nos presentan tampoco lo son. Nuestra experiencia histórica nos permite resolver algunas rápidamente, pero necesitaremos una experiencia nueva en muchas de las situaciones para seguir buscando el propósito de vida, que es la felicidad.
