60 segundos para reflexionar: Tormenta

Huracán María 2107, por Robert Rivera

Thomas Jimmy Rosario Martínez

Una tormenta siempre es temporera. El cielo se torna de un color extraño o comienza con el gris lluvioso. El viento nos sorprende. La lluvia nos azota y nos inunda. Ahí termina todo. Pocas horas, nunca un día completo.

Pero en nuestras mentes la tormenta comienza a la menor preocupación. Nos da miedo las carencias y luego la escacez, de aunque sobrevivamos a los rayos y centellas, nos preocupan los efectos. Luego nos sentimos víctimas, pero la mayoría no lo es. Y seguimos hablando por mucho tiempo de lo mismo, hasta que nos cansamos. Olvidamos todo hasta que comience el nuevo ciclo.

¿No debiera haber una mejor actitud, más científica que emocional para poder resolver anticipadamente todos los problemas que causan las tormentas? Si sabemos que la mitad del año nos pasamos en vigilancia y es casi seguro que en algún momento nos toque un fenómeno atmosférico, pues aprendamos a vivir con eso, sin la exasperación, paralización y exageración que nos caracteriza.

¿Cómo atender un herido o cómo conservar un muerto? ¿Como haremos con nuestro pariente o con nosotros mismos en caso de un ataque al corazón o un infarto cerebral? ¿Qué tiene que tener nuestro botiquín además de nuestras medicinas usuales? ¿Qué haremos cuando alguien tiene un ataque de histeria? Imaginemos que no hay paso en las vías para llegar a un médico o a las autoridades.

La educación sobre la temporada de huracanes que existe actualmente va muy dirigida a la protección física, bienes y sustento pero no hay una idea conceptual plena, faltan elementos de sobrevivencia emocional, de inteligencia para lidiar con situaciones inesperadas dentro de la emergencia sin ayuda de terceros ni del gobierno y de como sobrevivir exitosamente en la soledad.

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