
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Michael Cantellops Paité merece una extensa biografía, tal vez un libro como el que hizo Vicente Cabán sobre su padre, el conocido pescador Ramón Cabán Rosario, «El Sordo», quien le precedió en este arte y trabajo divino de alimentar la vida a través de la recolección de pescados y mariscos desde la costa vegabajeña.
Michael aprendió a nadar, luego a bucear y pescar de todas las maneras posibles y sin duda, dedicó todo su tiempo a la pesca y luego a levantar un negocio de restaurant que es punto fijo para el disfrute de estos manjares. En el agua no solo pescó sino que realizó importantes misiones de rescate de vidas y de limpieza industrial.
Provino de una familia buena que posiblemente emigró del norte de España y por su madre, de las entrañas de Estados Unidos. Le precedieron personas valoradas por nuestro pueblo entre ellos su abuelo, que era detective, su padre cartero y su hermosa y simpática señora madre Joan, quien falleció hace poco tiempo. Antes de que fueran expropiadas las tierras para crearse el Campamento Tortuguero, sus antecesores tuvieron tierras en lo que hoy conocemos como Vega Baja Lakes. Los cantellops son semillas prolijas, el deja hermanos e hijos, sobrinos y nietos.
Michael tiene su nombre grabado en el recuerdo de todos los que compartimos con él y estos son días para hablar de él. La muerte o transición provoca la reflexión mandatoria sobre el significado y valoración de las personas que nos dejan. Y de él hay mucha experiencia ejemplar que ahora extrañaremos, por lo que debe ser historiado.
