
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Cada día trae su propio afán. Afán, según lo define la Real Academia Española significa, en su primera acepción, esfuerzo o empeño grande. Por eso el afán nunca puede ser lo que viene o se aparece, sino la motivación que creamos con nuestras ideas, incluyendo lo que se aparece inesperadamente. Aun más, es la parte positiva nuestra para lograr cosas.
He podido detectar en cada día una sensación distinta. Los colores son diferentes, el aire que respiramos no es igual y nuestro ánimo varía. En cierto sentido podemos entender nuestra usual frase de «hoy parece domingo» por el desaceleramiento de la actividad humana o nuestra necesidad de ir a la iglesia de la preferencia para reforzar nuestra religiosidad o espiritualidad o para sencillamente pasear. Algunos odian los lunes, porque implica activarse y quitarse la serenidad de la reflexión y tranquilidad que se obtiene de un fin de semana.
Si no tuviéramos el alza de actividad que nos provoca los afanes de otros días, no pudieramos valorar el descanso de los días de la reflexión y la paz interior. Por eso, necesitamos un afán para cada día, pues todos los días del futuro son distintos.
