
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Mildred Rivera me pregunta si creo en la reencarnación.
La reencarnación es una de las creencias más antiguas entre las explicaciones de lo que ocurre después de la llamada muerte. De hecho, antes de que la Iglesia Católica decidiera lo que debían creer los cristianos, la reencarnación estaba contemplada, de hecho se atribuyen interpretaciones de pasajes de la Biblia en ese sentido.
He estudiado la Biblia y lo que históricamente han creído los religiosos, humanistas y espiritualistas. Como se dice que la salvación es un asunto personal, mi libre albedrío me permite hacer la selección de lo que sé, de lo que creo, de lo que no tengo suficiente conocimiento para elaborar una verdad y de lo que no creo.
La vida es más sencilla de lo que sabemos y percibimos. La religión y las leyes humanas la complican condicionándola a conductas especiales. Para algunos, no seguir la línea que nos trazan es delito o pecado y de eso dependerá si uno se «salva» o se condena. Si nos dedicamos a espiritualizarnos, encontraremos respuestas que no están escritas ni las tienen las religiones. Pero no me malentiendan, las religiones generalmente son buenas y edificadoras para el ser humano, pues permiten conocer la dimensión del alma, aunque las explicaciones puedan ser contradictorias.
Algunos me dicen que la reencarnación no se puede probar porque nadie ha vuelto para confirmarlo. Estoy de acuerdo que ninguna expresión espiritual, ni siquiera Dios, se puede probar. Pero no es porque no exista, es porque al igual que el tocayo Tomás, todos quieren palpar en las manos de Jesús, si en verdad fue crucificado.
La idea de la reencarnación la concebían muchas de las culturas antiguas, aun de las que se derivan muchas religiones incluyendo el cristianismo. La razón que no es muy popular entre los cristianos modernos es que los padres de la Iglesia Católica, cuando se reunieron, optaron por otra versión de la resurrección espiritual. La reencarnación postula distintas encarnaciones en cuerpos sanos y nuevos para ir purificando el alma. El cristianismo optó por la idea de una sola oportunidad y un camino subjetivo para lograr no ser condenado a un dramático final de nuestra alma si no seguimos los protocolos y dogmas creados por el ser humano.
En este y todos los temas, es mejor seguir la naturaleza. Evidentemente, el cuerpo se desmagnetiza y se descompone en sus elementos originales. Eso lo podemos estipular todos. Tambien podemos creer que si optamos por la cremación, los elementos se desintegran más rápido pues las vestiduras que nos hacen un ser funcional dejan de cumplir su trabajo temporero sobre la tierra. Pero nos queda el alma, que de hecho es lo mas importante.
El alma vino de Dios, está con Dios y regresará eventualmente a Dios. El milagro ocurre cuando la vida se interrumpe por la transición y volveremos a ocupar otro cuerpo de un ser humano nuevo e incorrupto para seguir evolucionando, por lo que la contestación a Mildred Rivera es que creo en la reencarnación.
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Si interesan conocer otros aspectos de la reencarnación, les recomiendo la siguiente conferencia:
CONFERENCIA PARA TODO PUBLICO
Muerte: Resurrección o Reencrnación?
Fecha: domingo 2 de julio de 2023
Hora: 11:00am (almuerzo disponible para interesados, $10.00 por persona)
Lugar: Centro Cultural Rosacruz, Calle Aponte #305, Santurce
Coordenadas GPS: 18:446136, -66.058044
Contacto: ordenrosacruzpr@gmail.com
Conferencista: Lic. Ricardo Ramirez
Temas: El dilema de la tradición cristiana ante la muerte y la esperanza de la resurrección – La postura de la tradición esotérica de occidente y su concepto de Dios, Naturaleza y lo Humano – El concepto de la reencarnación entre los primeros pensadores cristianos – Posibles referencias bíblicas sobre la reencarnación – La conciencia del ser, lo que sobrevive a la muerte del cuerpo físico – Evidencias sobre casos de reencarnación – Los ciclos de la naturaleza y el retorno a la vida material – Lo que ocurre entre encarnaciones.
«Ser juzgados por la perfección no alcanzada y que no puede ser lograda en una sola vida, sería una injusticia tal que resultaría incompatible con nuestra creencia en la bondad, amor y misericordia divina»
– Harvey Spencer Lewis –
