
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
En mis 70 años he conocido mucha gente y hasta creo que a fuerza de meditación y de mirarme en el espejo, he llegado a conocerme a mí mismo. He repasado mis propios amores, dolores, reacciones y aciones de mi vida. Como consecuencia, me declaro como gente humana, de los que se tropiezan con la misma piedra. Parece una repetición porque si es gente tiene que ser humana, pero en mi paso por la vida, me he encontrado mucho y sigo sorprendiéndome.
Hay gente correcta y hay gente equivocada desde el punto de vista de cómo reaccionan o actúan en su vida. Hay gente demasiado complaciente y generosa hasta hacerse daño a sí mismas y hay otras que corrientemente son tóxicas y son perjudicadas hasta en su propio interior. Otros encuentran el Nirvana o el camino a ser felices y cambian su personalidad para lo mejor.
Las enfermedades de la mente son producidas por deficiencias en el cuerpo aumentadas por alguna experiencia traumática o modo de vida. Tener una buena salud física y mental nos prepara para ser mejores, pero cuando alcanzamos una rutina espiritual, el cuadro se completa. Ser mejor gente humana es precisamente estar preparado para accionar y reaccionar ante la rutina y la sorpresa sin dañar a nada ni nadie, incluyéndonos.
La trilogía de la salud integral es pues, el único camino de lograrlo, porque somos seres materiales, mentales y espirituales. Tenemos, pues, que alimentar esas áreas para enfrentar lo que nos quede de vida.
