
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Hay quien piensa que el ser humano no es perfecto. Puede que tengan razón, pero el esfuerzo constante por fijar unos parámetros y establecer nuestros ideales de vida en realidad nos lleva a querer más de lo bueno que recibimos.
La perfección es un estado mental. Cuando llegamos a lo más que hemos aspirado creemos que hemos alcanzado la perfección, hasta que otra meta se nos ocurre. Por eso, pudiéramos considerar que la perfección es efímera.
Tampoco los parámetros establecidos por la sociedad llegan a la perfección absoluta. Tener un promedio perfecto en educación nada dice de un conocimiento absoluto, sino de un desempeño habilidoso, responsable y dedicado. Conducirse de acuerdo a lo que establece una iglesia o cualquier entidad pública o privada no nos perfecciona en otros aspectos sicológicos y de costumbres adquiridas en otros escenarios de la vida.
En broma hay quien dice que el especialista es más y más, de menos menos. Si buscamos la perfección de algo, con tanto esfuerzo a una sola cosa, pudiéramos estar perdiendo otras cosas.
Somos seres complejos, que para alcanzar lo más cercano a la perfección, debemos buscar y primero dominar lo simple y siempre contar con los orígenes y lo básico de todo. Si perdemos el camino que debemos andar, nunca estaremos ni cerca de nuestra meta de perfección. Si la perfección no es alcanzable, seremos unos tontos detrás de un sueño.
