
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Todo lo que bueno que se origine en Vega Baja tiene mi apoyo. Pero a veces he sentido que hay ideas que pudieran haber sido mejores pero que por alguna razón, no se consultaron adecuadamente y resultan insuficientes a la larga.
Una de las ideas fue crear una bandera para cada barrio de Vega Baja. Como se sabe, la unidad legal más pequeña oficialmente de un pueblo es un barrio. Estos se formaron por configuraciones geográficas pero por razones de poder y propiedad se fueron extendiendo o reduciendo en Vega Baja a catorce barrios en la actualidad. Pero en la vida real, no se atienden para servicio las unidades de barrios, sino las comunidades. Ni siquiera electoralmente las unidades electorales tienen una configuración perfecta con el término del barrio a que pertenezcan.
Cuando se inició este proyecto, el alcalde Marcos Cruz desconocía, como muchos otros vegabajeños, que el pueblo era un barrio y siempre hablaba de Vega Baja y sus trece barrios. Cuando le mostramos los fundamentos legales e históricos, siempre ha obrado con corrección y apoyo a este principio, hasta incluirlo y divulgarlo en competencias escolares.
La creación de las banderas fue una iniciativa hermosa que al grupo que se designó nos permitió conocer y aclarar particularidades de la historia y vida de cada uno. Hubo consultas y exhortaciones públicas a los vecinos de los distintos lugares y se trabajó fiel a la realidad de cada barrio. Sin embargo, luego de la vistosa ceremonia hace unos años y de muchos meses de trabajo e inversión económica, murió públicamente para fines de la difusión de los ciudadanos. Algo tan hermoso como el sentido de pertenencia de los vegabajeños se alejó de ellos tan pronto como vino. Los planes de poner una bandera en cada barrio se esfumaron y ni se habla de eso por la presente administración que fue la que lo creó.
Cuando se me dió la noticia de que se iba a hacer ese proyecto en el Teatro América ya se había reunido el comité sin mi presencia porque el alcalde no quiso incluir mis servicios gratuitos y constantes en el área de la historia ni aun siendo el Presidente de la Escuela de la Historia Vegabajeña. En lugar de designarme, lo hizo con mi sobrino. Mi sobrino declinó porque entendió que yo estaba mejor preparado para trabajar en ese proyecto como había trabajado antes en múltiples proyectos desde la década de 1970 con distintos alcaldes y grupos culturales en distintos asuntos.
En esa primera reunión se le cuestionó mi ausencia y el ordenó que se me notificara de que iba a ser miembro del grupo. En la segunda ocasión, que fue la primera en que fui, llamé la atención del alcalde de que no eran trece sino catorce barrios. Anteriormente le había dicho personalmente que yo creía que debían ser las banderas de las comunidades, que era lo más cercano al ciudadano, que por razones históricas los barrios, ya no lo eran.
Entiendo que catorce banderas fue una labor difícil de hacer y que cada persona tiene una visión distinta de lo que pudo ser y lo que se logró. Eso provocó inconformidad especialmente de personas a quienes se les dió la oportunidad de opinar antes, pero que lo hicieron después en forma despectiva.
El alcalde, eminentemente político, decidió mantenerse fuera del tema para evitar controversias con los ciudadanos y por eso, como siempre que hay una controversia, estratégicamente, se aleja de ella. Tal vez la idea de hacer una bandera para cada comunidad hubiera sido mucho más trabajo, pues son cerca de ciento cincuenta comunidades, pero con convocatorias particulares y un inteligente plan de tiempo y trabajo, se hubiera logrado algo más cercano al ciudadano.
Tal vez los vegabajeños de las distintas comunidades puedan adoptar banderas representativas y distintivas de sus espacios de interacción e intereses comunes. La mía la tiene y otras comunidades también. No hay contradicción en tener una bandera vegabajeña, una del barrio y otra de la comunidad.
Las comunidades tienen sus necesidades y logros particulares. Se organizan en aspectos sociales, económicos, religiosos y deportivos. Allí nace el liderato futuro de un pueblo y de una nación. Un ejemplo es que después del alcalde Angel Sandín Martínez y posiblemente el también, quien sirvió hasta 1958, todos los alcaldes de Vega Baja nacieron o vivieron en comunidades.
Uno de los problemas con las administraciones municipales es que se arraigan en visiones pasadas de la historia y sus ideas porque eso les da un falso sentido de pertenencia. Aun peor, a veces no conocen la historia o no se ocupan de actualizarse en ella y la repiten sin consultar a los investigadores, presumiendo saber lo que nunca supieron.
El recuerdo es maravilloso porque nos permite transportarnos a situaciones que nos fueron placenteras. Y la historia es un factor que debemos siempre consultar, pero no hay que ser dogmáticos ni religiosos con lo que han sido nuestras creencias y manera de pensar, porque la vida solo pausa en nuestra mente. Ella continúa en movimiento constante y continuo.
Los paradigmas futuros pueden parecerse a los del pasado y hasta basarse en esa experiencia, pero nunca el pasado puede ser futuro.
Es posible que haya tiempo para vestir a cada barrio con su bandera oficial y que se realice el plan original de colocar cada una en su respectivo barrio antes de que Marcos Cruz termine su actual mandato. Pero como escribió Serrat en su poema canción Pueblo Blanco: «los muertos están en cautiverio y no nos dejan salir del cementerio».
