60 segundos para meditar: El otro mundo

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Hemos vivido siempre pensando sobre cuál es la verdad: ¿Es lo que pensamos, oímos, vemos, olfateamos, saboreamos, sentimos, intuimos, o la combinación de todo eso? Blas Pascal escribió que «hay cosas del corazón que la razón no entiende» y ciertamente, todos los filósofos y hasta poetas del mundo han tenido entre sus temas la percepción y la realidad.

Tomemos cualquiera de los poemas de Tony Arraiza o de Jan Martínez, eminentes poetas vegabajeños de los siglos XX y XXI. Son mensajes cerebrales pero también son experiencias emocionales que al leerlos, nos llevan a otro lugar en nuestra memoria donde sin necesidad de ver la película, nos las formamos. Los ufólogos como Jorge Martin nos describen escenarios que aunque creamos o no, nos colocan las interrogantes sobre compañía en el cielo que nos es extraña.

Pero no tenemos que ir tan lejos. Los que creemos en Dios, nunca todos nuestros sentidos se unen para percibirlo, a pesar de que Dios es omnipresente, de acuerdo a lo que sabemos, o sea que está en todos nuestros sentidos y siempre. Pero tampoco nos percatamos de que nuestro peso ni la gravedad son suficientes como para anclarnos en el suelo como imán. Cuando hacemos el ejercicio de caminar, de correr y de saltar, en cierta manera flotamos en el aire por unos segundos, mientras también los árboles, aun con raíces, se van moviendo imperceptiblemente sobre la tierra en que están sembrados.

Cuando miramos un paisaje tan bello como la Playa Puerto Nuevo, en estos días en que podemos ver el panorama sin botes, nos extasiamos por la calma que produce a nuestro interior. Sin embargo, es un océano que las olas nunca le dan el mismo lugar de la imágen, que las nubes no están estáticas, que en una sola gota de agua hay tantos animales microscópicos raros y sustancias unidas que no las podemos imaginar y muchas de ellas, ni ver con microscopios. Y no digamos la arena, piedras y rocas, y la fauna y la flora que habita ese hermoso lugar. Cada pieza de este mundo que vemos es, literalmente hablando, otro universo.

Saber que existe el otro mundo que a veces solo percibimos a medias es parte de una gran verdad. También hay algo más y más importante, que es la conección con el todo. Como parte del universo y creo que la parte más privilegiada que tenemos como humanos es que tenemos la capacidad para ampliar nuestras facultades de percepción con prácticas como, pero no limitadas, a la meditación y la telepatía natural.

Cada vez que descubrimos algo nuevo del inmenso océano de la verdad del que fraseaba Isaac Newton, nos alimenta la curiosidad por saber mas y aunque sabemos que una vida ordinaria no será suficiente, nos basta pensar que alguna vez nos integraremos a la inteligencia universal donde todo se sabe, donde habita Dios.

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