
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Anoche compartí mi preocupación por la salud de un amigo muy querido de los vegabajeños que tuvo un accidente cardiovascular o cerebral y que necesita atención médica. Lo primero que se me ocurre en estas situaciones es invocar la energía particular de las personas sensibles para de conformidad con sus creencias individuales, orar, rezar, meditar o ejercer cualquier acción afirmativa para que la salud retorne al enfermo.
En el corto tiempo se nos unieron más de cien personas con los más sinceros deseos y de distintas maneras y expresiones, formamos una cadena de energía positiva. Una de las buenas amigas que se unió, lo hizo con el temor de que nuestra petición fuera inefectiva porque no revelamos el nombre de la persona que necesitaba las oraciones. Otra compañera sabía de por quien estábamos escribiendo y sin tampoco decir su nombre, le confirmamos que era el mismo. Si nos hubieran autorizado, lo hubiéramos hecho, porque no nos anima guardar un secreto tan sensible como cuando una vida está en riesgo de perderse por un impacto súbito y hay otros que quieran ayudar de inmediato. Pero confío en la dirección divina en esta tarea.
La invocación de la sanidad a distancia no tiene reglas. Es algo que se ha hecho desde tiempos inmemoriales y de distintas maneras. La forma en que algunos la practicamos y nos funciona es la de evitar normas e instrucciones que se han creado con el tiempo por creyentes, religiones, sectas y grupos místicos.
La realidad es que la buena intención y la carga positiva que se genera en un pensamiento bueno puede más que cualquier condición que se crea que existe. Cuando ese pensamiento se multiplica por la fe y espiritualidad de muchos, la onmisapiencia de Dios y la Inteligencia Universal saben a donde hacer llegar los buenos deseos.
