
Por Evelyn Meléndez Marrero, Legisladora Municipal por el Partido Nuevo Progresista
Vivo admirando a los seres humanos que dedican tiempo al servicio público en sus distintas vertientes. En nuestro sistema republicano de gobierno tanto a nivel federal como estatal, hay tres opciones de servidores por haber tres ramas de gobierno. En el Gobierno Municipal hay dos ramas; la ejecutiva, con el alcalde, los funcionarios públicos y empleados y la Legislatura Municipal, donde los legisladores electos no tenemos un sueldo y hay una plantilla mínima de empleados de confianza.
El servicio público que ejercemos desde nuestras bancas en la Legislatura Municipal de Vega Baja comenzó en 1812 cuando se aprobó la primera constitución en España, la cual fue extendida a Puerto Rico. Como entidad jurídica y pública mínima, Vega Baja tuvo su primer cuerpo legislativo, al que se le llamó Concejo. En el siglo XX se le conoció como Asamblea y finalmente como Legislatura Municipal.
Muchos distinguidos vegabajeños han sido miembros de la rama legislativa municipal en sus distintas etapas representando a distintos partidos políticos, pero no es hasta 1961 que comienza la representación de las minorías. Algunos de sus miembros y presidentes han sido después alcaldes o legisladores estatales, como Rafael Cano Llovio, Iván Hernández y Casimiro Ramos Barreto. A pesar que desde 1933 hay representación femenina, solo ha habido una mujer en la presidencia, Janet Miranda y por breve plazo (2013).
En mi familia ha habido y hay legisladores municipales. Mi partido y mi pueblo me hicieron el honor de ser seleccionada entre compañeros de mi partido y el pueblo para representar a los vegabajeños. Ese privilegio lo trabajo con mucha honradez y atención, porque sé que el producto de lo que hago es para beneficiar a mis compueblanos.
Mi experiencia es solamente como legisladora municipal de minoría, en una delegación de dos damas y una mayoría desproporcionada de hombres, con un colega de otro partido. Mi compañera de partido es Minerva Figueroa Vázquez, que es la legisladora municipal con mayor experiencia de todos los miembros y la persona que más tiempo ha estado continuamente sirviendo en dicho cuerpo.
Las leyes no distinguen entre las facultades de un legislador municipal de uno y otro partido, pero los de mayoría permanentemente ejercen poderes de veto sobre las actuaciones de la minoría. Al decir veto quiero significar que nos violan nuestros derechos a analizar concienzudamente las piezas legislativas en común acuerdo con el alcalde de su mismo partido. Esta es una actitud sospechosa, arrasadora desde su inicio del alcance de las ordenanzas y resoluciones que luego se aprueban como leyes municipales. Hemos encontrado en la práctica en estos años, que el Reglamento Interno de la Legislatura Municipal es deficiente y hay que enmendarlo, pues dificulta en muchos aspectos, principalmente a la representación minoritaria, de ejercer una fiscalización adecuada.
El producto es una legislación oscura, donde en ocasiones se esconden otros propósitos distintos a los que se exponen, dinero que no se utiliza finalmente en su propósito original, se dirige a subsanar partidas generales o particulares para justificar una labor ya hecha o se traslada a otra para tapar su destino final. Continuamente el alcalde y la mayoría de la Legislatura Municipal están haciendo maromas con el dinero del pueblo y hasta duplican propósitos con dinero asignado por partidas federales y estatales sin ninguna explicación y ningún sentido.
Todos los presupuestos que se nos han presentado y aprobado han sido amañados. Y no ser claro con el dinero, es mala administración. Pero ahí no se acaban las dudas. En los nombramientos de los funcionarios públicos que se nombran hay unas circunstancias extrañas e inexplicables. También, el desempeño de los legisladores municipales de mayoría parece una entrega total al alcalde, más allá del respeto que debe tenerse y de fomentarse una buena relación entre las dos ramas públicas vegabajeñas. No hay interés por profundizar en las medidas. Todo parece dirigido a acabar pronto para cobrar la dieta de parte de nuestros colegas populares y el alcalde se aprovecha de su liderato político para pasearse triunfalmente cada vez que presenta una medida de administración.
En mis recorridos por las comunidades, los ciudadanos resienten que no conocen quiénes son ni lo que hacen los legisladores municipales de mayoría. Tal parece que los compañeros no se ocupan de los barrios y no cuentan con un deber de presentarse a servir, como debe ser. Es generalizado que no conocen a los que los representan en los últimos tres años. A algunos de ellos solo los ven cuando hay actividades públicas con el alcalde pero no tienen iniciativa propia para ayudar a arreglar los problemas que se presentan mediante resoluciones de investigación y presencia activa para ver como los tres gobiernos atienden las necesidades.
Nunca fiscalizan a la rama ejecutiva municipal y sólo se manifiestan para elogiar lo que hacen y pasar paños tibios cuando en la rama ejecutiva los funcionarios se equivocan. Parece que se ha perdido el interés genuino de conocer, sobre el terreno, los problemas del pueblo. Tampoco se atreven a tocar las “papas calientes” que aparecen continuamente, ni siquiera para intentar enfriarlas. Esa actitud robótica no es propia de un legislador municipal, pero si desean serlo, deben activarse, porque la queja es que solo son “yes men” del alcalde.
Mi percepción de la Legislatura Municipal es que no está cumpliendo sus funciones de considerar los proyectos administrativos ni la fiscalización que supone tener con el poder ejecutivo, porque no se cuestiona nada. Eso se traduce en un pobre servicio a los ciudadanos. Y aunque el alcalde lo ha negado, esas son las características de cuando una legislatura es un sello de goma del alcalde.
