
Por Thomas Jimy Rosario Martínez
Hay un cuento de Miguel de Unamuno que se titula La Fuente de Nuremberga, que es una lectura de antologías que leí en primer año de universidad y que servía de inspiración a los estudiantes para escribir cuentos basados en la técnica del autor y de la inspiración que la historia le brindaba a su relato, que más o menos colocaba ese monumento en la importante ciudad de Alemania como testigo de los acontecimientos que se habían dado a su alrededor.
Si los monumentos pudieran hablar, el de la fuente llamada original y simplemente «ornamental», sería un lugar icónico para aprender muchas historias de muchos años acumulados en ese desastre y malgaste de arte. Su nombre nada más, es risible. Se le llama también la «fuente del pescao», «la fuente del marlin», la fuente de los pescadores» y hasta una vez equivocadamente la llamó el alcalde de entonces como «la fuente de los delfines».
Esa fuente nació de la admiración que le tenía el alcalde de Vega Baja al alcalde de Manatí, Juan (Aubin) Manzano Cruz, quien para sobresalir en sus exitosos años de incumbencia construía obras «monumentales». que se salían a veces hasta de la imaginación. Supuestamente con esa manera de conducir su ciudad, habría logrado ser el alcalde de Puerto Rico de mayor victorias en elecciones y en años de servicio continuo. Edgar Santana provenía de trabajar precisamente en ese municipio y fue allí donde desarrolló la idea de pensar en grande, con la asesoría de sus mentores Andrés San MIguel, inversionista político e Irving Piñeiro, asesor financiero.
Para hacer la fuente, primero se asesoró con otros alcaldes que habían ordenado esculturas de bronce y otros metales. Se cree que con su afán de tener dinero para las futuras campañas electorales de reelección, este renglón de gasto municipal fue creado ordenando unas compras de dudoso valor artístico y de una calidad pobre pero que le permitió recibir de los millones empleados por el Gobierno Municipal unas ganancias personales. Estas «obras culturales» tampoco tenían ninguna relación con Vega Baja ni su historia, no fueron pensadas ni se recibió asesoramiento de historiadores ni conocedores de arte. El propósito principal no era de brindar un servicio al pueblo, sino de manipular unas transacciones económicas para poder sobrevivir con apariencias y con financiamiento en la política local.
La fuente de agua de referencia se supone que sea una de dos. En algun lugar debe haber una réplica de ella, en la que el contrato incluía su instalación y eso nunca pasó con ninguna de las esculturas, excepto la que conocemos que también se le llama la «fuente de Burger King».
Para la inauguración, insípida e inentendible, se le dedicó a los pescadores de Vega Baja, pero errónemente el monumento no era representativo de la pesca de subsistencia como la de «El Sordo» y otros pescadores históricos, sino el marlin representaba la pesca elitista, deportiva y recreativa que se producía en lanchas de motor, por lo que la placa conmemorativa no correspondía a la imágen del pez marlin que esta contenía.
Para su instalación, se usó la faja de terreno dedicada a uso público frente al Centro Comercial Las Vegas. Se dice que los permisos fueron manipulados desde la influencia partidista y que se excedió el espacio, invadiendo terrenos propiedad del dueño del Centro Comercial. La escultura, en lugar de ser un punto de atracción para los vegabajeños y los visitantes, se transformó en un problema para el gobierno municipal pues no se había calculado que el agua de la fuente, con el viento que se produce en el lugar, perjudicaría a los clientes y personal del negocio más cercano, que era el Burger King. En broma, algunos vegabajeños decían que iban a lavar sus carros al lugar y que otros, como los deambulantes, se metían a bañar en la fuente.
La presente administración removió una de las esculturas porque la base de metal se oxidó por su mala construcción y supuestamente la iban a arreglar, pero nada ha pasado hasta hoy y no se ha vuelto a mencionar el asunto. El resto de lo que fue una fuente costosa, mal planificada y de dudoso orígen y valor artístico prevalece en el lugar, como la Fuente de Nuremberga, siendo testigo de las malas aciones de los políticos vegabajeños.
La fuente innombrable de los múltiples nombres es el monumento a la ineficiencia de los administradores de lo que rimbombantemente llaman ciudad, pero que la tratan como una aldea.
