El 6 de enero en la historia vegabajeña: 6 de enero de 1951

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez DVPR

(Publicado el 6 de enero de 2014 en el Diario Vegabajeño de Puerto Rico)

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Desafortunadamente, la vida no nos daría tiempo para contar todas las historias de todos  los vegabajeños. Pero para perpetuar el pasado cultural, familiar y de la vida de la comunidad es útil repasar y consignar cómo se dieron los acontecimientos de cada época para ver cómo se conducía la sociedad.

Cada uno de nosotros debe mantener un diálogo abierto con sus familiares, que son la principal fuente de la historia que no se escribe pero que con decirla de generación en generación se convierte en tradición oral, un recurso importante para redondear cualquier recuento o sencillamente, ser la historia importante.

Mia abuelos y mis padres siempre fueron abiertos con su pasado. Las cosas que le daban orgullo las hablaban más abiertamente, pero enfrentar las cosas negativas en los diálogos familiares también ayudaba igual a la unidad, el sentido de seguridad individual y a la felicidad de todos.

La noche del 5 de enero de 1951 mi padre, fotógrafo, fue a retratar un quinceañero en el pueblo. Su contentura con el matrimonio el próximo día era tan grande que se dió unos palitos y se quedó dormido en su casa localizada entre la Calle Baldorioty y la Calle Manuel Padilla Dávila. 

En la madrugada, ya la novia estaba en la Iglesia Católica, mientras el continuaba dormido.  No había sido fácil conseguir que la Iglesia Católica los casara, porque la novia no era católica. Una dispensa había tenido que ser solicitada para que la nieta de los fundadores de la Iglesia Alianza Cristiana y Misionera, de doctrina distinta a la de los católicos romanos, pudiera casarse en el templo de Nuestra Señora del Rosario.

El porteador público Amador Maldonado, quien luego los llevaría a su Luna de Miel en el Hotel Guajataca, llamó a Jimmy pero como no respondía, le tiró una piedra a la ventana, lo que le hizo despertarse y acudir a su cita que le comprometería para toda la vida.

Los casó el Padre Benito Cabrera, quien años más tarde renunció a su vocación sacerdotal, contrajo matrimonio y se dedicó a la educación universitaria. Pero para esta ocasión no solamente ofició sin recibir ofrenda, sino que cuando terminó la ceremonia le tomó los retratos a los novios, le dió un ágape a la pareja en la Casa Parroquial y hasta les regaló diez dólares. Para terminar, les regaló un certificado de matrimonio como recordatorio, el cual ellos aun conservan.

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La recepción se celebró en la Calle Baldorioty, donde residía la Familia Martínez.  Mi padre tenía 22  y mi madre 17 años. El traje de la novia fue comprado en San Juan. El bizcocho lo elaboró Ana Miranda Lafaye, esposa de Enrique Torres Concepción y madre de Anilda y Liliana Torres, quien era, para los efectos, una parienta más.

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Cuando la boda terminó, Amador los llevó a Guajataca. El pedazo de bizcocho que se llevaron para disfrutarlo en la Luna de Miel se quedó en el vehículo del chófer por lo que los novios no lo comieron. Pero posiblemente no lo necesitaron.

Sesenta y tres años después, podemos contar esa historia. Mi padre compartió su profesión con mi madre convirtiéndola en la primer fotógrafa comercial de Vega Baja. Si al principio «cortaba las cabezas» en los retratos, como se decía cuando en una foto no se veía la cara, pronto aprendió a sacar imágenes completas. Compartieron los años buenos de su negocio de fotografía, discos, postales, flores y hasta trucos y maldades. Han podido viajar juntos y vivir una vida llena de satisfacciones espirituales.

Actualmente Jimmy tiene 85 años y Yuya 80. Tienen tres hijos, 10 nietos y varios bisnietos, a Manchi (una perra), Yuya (una gatita que anda perdida hace días) , una pata y otra bisnieta en camino.

Colofón: Como en las obras literarias, esta historia de compañerismo y amor terminó físicamente el 12 de julio de 2023, cuando mi madre pasó por la transición.

Hoy 6 de enero de 2024 nos volveremos a reunir, como de costumbre, para celebrar la historia que inició con el nacimiento de Jesucristo y también la fecha que marcó el nacimiento de nuestra familia, ya que en nuestra alma sigue habiendo motivo para esta celebración.

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