
Por Carlos A. Narváez Rosario – Periodista y Colaborador
Levantarme con la noticia de que un centro docente del País anunció el cierre definitivo de sus dos planteles tras 60 años de servicio, ha sido mucho más que balde de agua fría para iniciar la semana.
Escuchar las razones que motivaron el cierre del American University (AU), recintos de Manatí y Bayamón, me recuerda las erradas decisiones de esos gobernantes que ponemos al mando de Puerto Rico cada cuatro años.
“La crisis demográfica y su impacto en la población escolar, los efectos de los desastres naturales, la pandemia, los incrementos en los costos de operación y los cambios en las preferencias estudiantiles en el campo de la educación superior nos llevan a tomar esta dolorosa, compleja y difícil decisión. Por el respeto a nuestra trayectoria educativa y la responsabilidad inherente ante esta situación, responsablemente debemos culminar nuestros servicios”, comunicó Juan Carlos Nazario Torres, presidente de American University en declaraciones escritas el lunes en la noche.
Nazario Torres, a mi juicio, fue demasiado empático en sus palabras, cuando realmente no merece que lo sea.
En 2014, bajo la administración de Alejandro García Padilla, líder entonces del Partido Popular Democrático (PPD), un total de 100 instituciones educativas cerraron sus puertas en un alegado “sacrificio del Gobierno” para contener sus gastos.
De eso van nueve años. García Padilla y su ingenioso plan de reorganización para el sector educativo con el que esperaba ahorrarse más de $90 millones, le abrió las compuertas a la máxima dupleta del Partido Nuevo Progresista (PNP): el expulsado exgobernador Ricardo Roselló Nevárez y a la hoy convicta por fraude, la exsecretaria del Departamento de Educación, Julia Keleher.
En 2018, Roselló cerró 284 escuelas bajo la alegación de que “era algo necesario” por la pérdida de estudiantes en los últimos años. Reconoció además que sería un proceso “doloroso”. Aunque realmente fue bochornoso.
Tanto Padilla como Roselló, los dos gobernantes más jóvenes que Puerto Rico ha tenido en su historia, olvidaron -o quizás les hicieron olvidar adrede- aquellas importantes líneas de un Simón Bolivar cuando nos recordaba que “un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción”.
Puerto Rico, por muchos años, alardeó de ser uno de los territorios de la nación americana de mayor educación por milla cuadrada. Donde sus estudiantes de escuela superior, una vez graduados, salían directo a estudiar una carrera.
Donde llegar a la Universidad de Puerto Rico era la primera opción, y las instituciones privadas, como el American University, cuyo campus de Bayamón es envidiable, jugaban un papel importantísimo para aquellos que se decidían de forma tardía, o no lograban el bendito puntaje tras una prueba de College Board (que para mí hoy es obsoleta) o sencillamente veían como las privadas erigían grandes programas profesionales que superaban los ofrecimientos de las instituciones del estado.
AU fue líder en Justicia Criminal en la Isla y tuvo un departamento de Comunicaciones y Educación Física de gran altura.
Hoy después de esas decisiones nefastas, tenemos el primer guerrero de la educación tocando la lona y perdiendo la batalla por nocaut por la ineptitud de un gobierno que se enfoca ahora en hacer un Puerto Rico de turismo, con leyes 22 y 138 para proporcionar incentivos económicos a individuos no residentes en Puerto Rico que siguen comprando tierras a granel.
Aquí en arroz y habichuelas: No hay estudiantes, porque cerraron las escuelas. Los desastres naturales, los tendremos siempre y el gobierno lo tomará de excusa para nuevas patrañas, y continuar con sus aumentos o plan de estrangulación en servicios básicos cuya calidad en servicio en una escala del 1-5 es de -3 en TODO.
En fin, estamos en un momento en nuestro Puerto Rico en donde triste y estratégicamente, “La educación, el arma más poderosa que podemos usar para cambiar el mundo”, como no los recordó una vez Nelson Mandela, colapsa y el cierre de la AU luce ser la primera ficha del efecto dominó.
NOTA AL CALCE: Fui profesor de comunicaciones en AU por más de 10 años. Llevado allí por mi colega periodista y profesora, Mayra Rocío Salvá. Mi solidaridad con el profesorado y grandes profesionales que han erigido sus carreras allí. Gracias a los estudiantes que me permitieron llevarles algo de mi conocimiento a sus vidas. Siempre presentes en mí caminar.
