
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Históricamente, Vega Baja ha sufrido los embates de la contaminación ambiental y ha costado mucho reparar daños. En ocasiones, no poderlos reparar nos ha privado del uso normal de los recursos naturales. Generalmente han sido compañías privadas las que en busca de recursos económicos hacen mucho daño en el aire, las aguas y las tierras y al rendimiento final se van sin pena alguna por el daño causado. Pero también los gobiernos han hecho parte del perjuicio recibido.
Le tocó ahora a la planta de reciclaje de la Carretera Número Dos. Antes fue el incendio que se formó en la que está cerca de esa, camino a Sabana. Pero el daño es continuo en alguna parte de nuestro territorio.
La historia está cargada de ejemplos funestos. Y al decir funestos no exageramos, pues mueren plantas, animales y seres humanos.
La sanidad siempre fue un problema presente. En el Siglo XIX hubo en Vega Baja, en más de una ocasión, la muerte por el cólera, que se atribuyó según un informe científico de la época, a la pudrición de materia arrastrada acumulada por lluvias. En el Siglo XX el ejército primero y los vándalos después, contaminaron la laguna Tortuguero y sus alrededores con equipos y material militar y luego posicionaron automóviles robados o usados en delincuencia que terminaban en sus alrededores. Demás está decir la iniciativa heróica del alcalde Luis Meléndez Cano para rehabilitar esa área.
Desde antes de la mitad del siglo XX se comenzó a depositar basura en un área de Río Abajo, al que le llamaron «El Crematorio». Hoy día eso es parte de unos trerrenos que no se pueden usar por la alta contaminación que sufrió y cuyas varias cuerdas se han cercado y separadas posiblemente para siempre. Otra parte corresponde a las parcelas donde hoy ubica la Urbanización Brisas del Rosario, cuyos solares, aun habitados por familias, han recibido el impacto de metales pesados contaminantes y representan, a pesar de la limpieza que se le dió por iniciativa federal, un lugar peligroso para vivir a corto y largo plazo.
Los alrededores de la antigua Central San Vicente en Cabo Caribe fueron impactados por un yunker por algunos años, donde hubo contaminación metálica y líquida con combustible y aceite de lubricación además de la siembra de piezas de automóviles.
Las plantas de reciclaje solo han sido buenas para los dueños de ellas. Han roto los accesos viales, tapado el desague natural de aguas pluviales y de vez en cuando ha habido accidentes ambientales de tal grado que las autoridades de seguridad han tenido que intervenir. Son también las causantes de la apetencia criminal por metales cuyo deseo de adquisición han producido miles de escalamientos en distintos puntos de Vega Baja para venderlos como chatarra, desvirtuando el uso original. Docenas de tarjas de bronce que marcaban hitos de nuestra historia desaparecieron. Nos dicen que terminaron en China.
El gobierno municipal es cómplice de este crímen continuo. Lo ha sido siempre. Recuerdo cuando niño nos ahogábamos con el humo del «crematorio», que era el lugar del depósito de basuras. Para sustituirlo, escogieron un lugar que el río Cibuco bordea y en el que los lixiviados pueden llegar hasta el mar, contaminando la Playa Puerto Nuevo, que es el mismo municipio que quiere lograr la distinción de una bandera azul.
Se supone que el Gobierno Municipal nos defienda. Pero no lo hizo al ignorar la instalación de antenas porque la medida, aunque aprobada por unanimidad, la promovió un legislador de la minoría independentista que en la realidad, nunca estuvieron dispuestos a respaldar. No solo el Gobierno Municipal no validó con sus acciones la misma sino que la enterró, actvando autorizaciones a lo que estaba prohibido. Ahora, para remediar un mal, tiene que invertir en abogados para defender las comunidades. La actual administración necesita el dinero de los negocios y no está midiendo el efecto posterior de una autorización dañina. La acción equivale a complicidad.
Ye he escuchado que van a alegar que no tienen jurisdicción legal porque la ley del estado ocupa el campo, pero eso lo debieron decir al pueblo antes y no actuar como si un tribunal, al que nunca fueron antes, lo hubiera determinado. Lo más importante, para la actual administración, era cobrar el dinero de esos contaminadores del aire.
El ambiente es de todos. Lós árboles y las plantas nos dan vida. Antes que cualquier cosa humana que se nos ocurra, tenemos que promover el crecimiento natural de nuestros alrededores, que son nuestro escudo natural para el mejor aire, un agua excelente y unas tierras sanas donde todo nazca y crezca.
