
Foto por Eddie Hernández, Playa Puerto Nuevo de Vega Baja
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
El calor es algo con lo que siempre se ha vivido. Recuerdo cuando niño que una marca de talco, que antes se usaba mucho, tenía un anuncio con el locutor y actor José (Pepe) Ayala, quien fue un compañero muy querido años más tarde en el Senado de Puerto Rico. Pepe aparecía sudando en una cabida de una estación de radio y anunciaba el tiempo: «La ola de calor sigue afectando al país, temperatura muy alta, la humedad continúa».
También el calor lo hay en todos lugares y por distintas ocasiones. En las noches del verano de 1964, teníamos que salir a las escaleras de los apartamentos de Nueva York a buscar respirar mejor ante lo sofocante de las temperaturas altas que luego en invierno, en la misma ciudad veíamos descender sustancialmente.
El calor, es pues relativo. Siempre ha estado y estará. El deportista como las personas de baja presión lo sienten menos pero cuando lo subestimamos nos enferma. Es tiempo pues, de aprender los procesos mentales y las prácticas físicas para que no nos afecte ni que dependamos de aire acondicionado en la creencia de que lo combatimos efectivamente con ese instrumento. Recordemos que nuestro cuerpo irradia calor y que lo necesitamos para que la hipotermia no ponga en riesgo la vida. Todo extremo es malo; es preferible buscar los términos medios, como propiciar una temperatura promedio con mejores pensamientos, ejercicios y comidas adecuadas.
La inconformidad es lo que tenemos que combatir. Tenemos que adaptarnos a la naturaleza y no refugiarnos en las artes de los seres humanos ni señalar a entidades insensibles como la salvación a esta incomodidad.
Sólo pensémoslo y actuemos con inteligencia. Es tiempo de que estudiemos nuestro cuerpo y nuestro ambiente y habremos quitado muchas quejas continuas que nosotros mismos nos causamos.
