
Por Herminio Marrero
Gracias todos aquellos familiares, amistades, estudiantes, compañeros de trabajo, vecinos por éste día tan importante tomar parte de su tiempo valioso para felicitarme en mi cumpleaños.
Recuerdo como si fuera ayer ese día. Mi madre tenía continuos dolores en señal de un parto. Mi padre avisó a doña Minga la comadrona la cual bajó rápido del Criollo hacia el barrio. Había que ver como se fue aproximando en su caminar hasta mi hogar. Ya allí tras pasar la vieja verja de espeques de madera alambrada llegó a la casa. En la cocina hirviendo agua la llevó a una palangana con una serie de plantas medicinales. Y fue al cuarto dando inició su vieja tarea de partera en la asistencia a mi madre como ya otras veces había hecho. Sintiéndose en la habitación un fuerte olor a mentol, alcanfor, eucalipto.
En casa eran tres las hembras Antonia, Flora y Milagros. Habían nacido en un barrio de Vega Baja llamado Río Abajo. Ya era tiempo que llegara un varón. Ese día era lunes 2 de julio del año 1951 y el barrio era el Ojo de Agua. El caldo de una gallina vieja fue preparado para mi madre recuperar sus fuerzas.
A doña Minga le fue agradecido su valioso oficio y recibió una humilde gratificación monetaria. Ya se veía la alegría en el rostro de mi padre. Pero la historia no terminaría ahí, aún faltaba un chico por nacer . . .
