
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
El 4 de julio es un día festivo por disposición federal y local. Un día festivo supone que estemos alegres y celebrativos, pero celebramos todo lo que se nos ocurre, menos la declaración de la independencia de los Estados Unidos de América.
No digo que para algunos no sea significativo. Lo que ocurrió en este día tuvo un impacto ejemplar para muchas naciones desde hace 247 años. Y para el que haya leído e internalizado el documento en que se basamenta el acto, encontrará valores importantes para el ser humano en su desarrollo individual y social.
Para muchos, es un día de descanso, que significa lo contrario a un día festivo. En ocasiones, ni sabemos qué día festivo es o de qué se trata. De hecho, la mayor parte de los días festivos los tomamos como pausa a nuestro ajetreo usual y generalmente pensamos en pasarlo en nuestro hogar, en la playa, en un paseo o como parte de unas vacaciones.
No tengo sugerencia para que como sociedad cambiemos el concepto de los días festivos y de si es necesario o a fuerza de costumbre que debamos seguir teniéndolos. Por mi parte sigo teniendo la misma rutina de levantarme temprano para servirle a los demás y a hacer mi contribución usual para los que le guste lo que hago.
Aun cuando no nos liguemos a la celebración del día, por razones ideológicas, odiológicas, mero despego o desinterés, seguirá habiendo días de fiesta o días de asueto, como mejor debieran llamarse.
