
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
La vida es una carrera de obstáculos. Desde el mismo cuerpo que se enferma, la necesidad de sobrevivir económicamente, el ambiente que se deteriora y las personas tóxicas con las que interactuamos, nunca encontramos un absoluto de paz para nuestra mente, a menos que lo busquemos y lo encontremos.
Buscar es un ejercicio más espiritual que intelectual o mental, pero usamos nuestro intelecto para escoger el camino de la paz interna y la mente para dirigir el proceso de conversión, porque tiene que haber una conversión después de la convicción de que necesitamos un cambio. El proceso nos brinda unos derroteros de inmediato, pero la transformación es paulatina.
La búsqueda de la sanidad interna nunca termina. Cuando decidimos tomar el camino aferrados a una religión o por esfuerzo personal dirigiendo nuestro interior hacia una purificación plena es un compromiso de vida y de mejorar lo bueno que pensamos y actuamos.
La meta es la consolidación plena con el reino divino al final del camino, una perfección que no vamos nunca a encontrar en este plano de existencia, campo de batalla para que nuestra alma se enriquezca con las experiencias humanas y pueda amaestrar las pasiones internas.
