
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
¿Porque no celebramos un servicio funerario en capilla ardiente a mi madre?
Cuando miré el rostro de mi amada madre después de su fallecimiento me dije a mi mismo, ¡Esa no es! Su rostro blanco había perdido su coloración y sus ojos no se fijaban en los míos, con esa intensidad y energía vital que tuvo hasta el día anterior.
Me acordé cuando en el velatorio de su comadre Anilda Torres su hija María me recordó que ya la esencia de su madre no habitaba su cuerpo.
Así es. Ya mami no era mami. En ese momento de su fallecimiento expiró su último suspiro delante de su cuidadora y en la compañía de su esposo por 72 años y su hija menor, mi hermana Josefina, conocida por Jossie.
Mi hermana mayor estaba trabajando como farmacéutica en Morovis y yo estaba en la casa de mi hijo para cuidar las nietas mientras el hacía una gestión. Al llamado desesperado de Jossie, Jimmyto me dijo que me fuera, que él se ocuparía de las nenas.
Decidimos respetar, por unanimidad, su última voluntad de ser cremada. Y esperaremos la entrega de las cenizas para tomar la decisión que corresponda, pero al momento no lo encontramos adecuado, dada la edad de nuestro padre, que lo expongamos a un tiempo extenso fuera de su hogar, cuando ha estado tantos años recluido pendiente de los vaivenes de la salud de ella.
Es parte de nuestro proceso vivir nuestra nueva realidad. Los cientos de mensajes recibidos nos han dado conformidad y nos llenan por la solaridad de todos los buenos amigos que mi madre tenía y nosotros también. A todos agradecemos las muestras de cariño, les debemos esa.
