60 segundos para reflexionar: Ataúdes sin bolsillos

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

En mi práctica de abogado tenía un cliente que en el ocaso de su vida obtuvo más de un millón de dólares en la venta de su casa. Mientras fue recibiendo el dinero a plazos, iba comprando automóviles, propiedades inmuebles y cuanta cosa se le cruzaba por su camino o su mente.

Me pareció que se daba placeres frugales, costosos y sin ninguna planificación, pero no era mi deber decirle cómo debía gastar su dinero, porque era de él. Hasta que un día el mismo puso el tema. Me dijo que los ataúdes no tenían bolsillos y le pregunté el significado de esas palabras. Y me dijo que cuando muriera, no se iba a llevar nada para donde fuera, que no habrían espacios para cargar el dinero como uno hace usualmente con la ropa.

Tal vez tenía razón en pensar que su riqueza era efímera acá en el mundo terrenal, pero cuando uno se va poniendo viejo como él lo estaba, se pueden hacer cosas mas satisfactorias que gastar el dinero en tener más cuando se sabe que va a disfrutarlo por menos tiempo.

Yo creo que la vejez es para vivirla en paz, en armonía y balance reflexionando sobre el valor de lo quen ganamos y perdimos de la vida natural en la que nacimos, para que haya un aprendizaje. Y que el último suspiro de la vida sea como el primer aliento de vida. Solo con ese desprendimiento estaremos ajustados para pasar a la próxima etapa.

Si en verdad se asoma otra dimensión para nuestra alma o quizas nos espera otro cuerpo nuevo que no esté dañado como el que dejamos, es tiempo de hacer algo más que dedicarnos a gastar el dinero. Ni siquiera debemos pensar en él, pues es una interrupción sin sentido al tiempo que dedicamos al pensamiento sano, donde el dinero no puede comprar nada ni los bienes abundantes o excesivos nos harán felices.

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