60 segundos para reflexionar: Boxeadores Asesinos

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Por algún tiempo, hemos estado colectivamente pegados a un caso criminal cometido por un boxeador famoso puertorriqueño. A mi me gusta el boxeo como ejercicio, pero no el daño físico que se ocasionan los peleadores y menos las secuelas conocidas como el daño cerebral y a distintos órganos. El cuerpo, dicen los antiguos, es el templo del alma y tenemos que cuidarlo.

En el deporte rentado del boxeo, un error de un boxeador en ofensiva o defensiva puede inutilizar o matar a otro. El mejor boxeador del mundo, Cassius Clay, conocido luego por Muhammad Alí, apenas podía sostener su cuerpo al final de su vida. Otro jóven boxeador puertorriqueño muy prometedor, Prichard Colón, fue lesionado de por vida por unos golpes injustificados dentro del reglamento, pero a pesar del daño físico y mental, no hubo consecuencias para su opositor.

¿Recuerdan al «Bita», Esteban de Jesús? Un día, endrogado, mató de balazos a una persona y huyó del lugar de los hechos. Era fácil de identificar porque todos los conocíamos. Este cumplió cárcel hasta que enfermo de SIDA, fue indultado para que muriera en su casa. Wilfredo Gómez con dificultad para hablar y Wilfredo Benítez con incapacidad permanente son ejemplos de lo que el boxeo que comienza con la formación de un cuerpo perfecto sin importar la estatura o la complexión, acaba temprano en la vida con lo moral y lo físico de un ser humano. Los boxeadores asesinos están por todo el mundo, como el argentino Carlos Monzón, quien mató a su esposa.

El boxeador recibe entrenamiento para acabar a su opositor. Los premios convierten a un ser humano bueno en un codicioso sin importar lo que pase con su oponente. Todo se justifica, aun cuando hay reglas para causar el menos daño posible. Cuando el profesional del boxeo se retira o tiene mala suerte en su desempeño, a veces es demasiado tarde.

Por no lograr lo óptimo de su desempeño, quedan raíces de amargura o escenarios equivocados que hacen que siga combatiendo en la vida como el corredor que llega a la meta pero tiene que seguir corriendo para ir bajando poco a poco las revoluciones de su excitación cardiovascular.

Verdejo siguió peleando fuera del ring. Y olvidó el concepto moral de aceptar un embarazo como una bendición, convirtiéndolo erradamente en un problema que quiso resolver desde su prepotencia y confusión interior. Al final, no obtuvo nada y lo perdió todo. Otros, los miembros del jurado, lo tuvieron que resolver por él.

Ha sido derrotado por nocaut, sin posibilidad de que vuelva a pelear a la vista o en las sombras.

Deja un comentario