
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Los niños son almas puras que van perdiendo su inocencia progresivamente para recibir la experiencia de la vida. Adelantarle experiencias no los hace acelerar las etapas de crecimiento y madurez que deben tener. Por eso, el abuso de menores se considera un crímen.
En estos días hemos visto a una jóven menor de edad llegar muerta a un dispensario de salud aparentemente por intoxicación por narcóticos. Lo que llevó a esa niña a usar esas sustancias no es lo importante, sino el producto, que es un ser humano privado de tanto, que hasta perdió su existencia material y las oportunidades de desarrollar su alma de una manera positiva y productiva.
En Vega Baja hay muchos ejemplos históricos. En el area de Miss Kelly, unas hermanitas menores fueron abusadas por un ministro evangélico. En Algarrobo, un machinero de fiestas patronales abusó de una niña y luego la ahorcó de un árbol. En una tropa de niños escuchas, un oficial abusó de los niños y fue a la cárcel. Eso pasó hace tiempo, pero sigue pasando.
En el caso reciente de la niña que llegó muerta, escuché a la madre que dijo que ya era una mujer, como justificando que era usual que tuviera relaciones sexuales con mayores. Pero aun ni con menores eso está justificado. Ahí hubo sin duda una disfunción en su educación y cuido en el hogar y un total desprecio hacia su integridad personal.
La negligencia paternal y maternal se considera delito y quienes también mayores no relacionados se aprovechan de la soledad y vulnerabilidad de estos seres indefensos, son delincuentes también.
Pero nada empieza como delito, sino con conductas, costumbres y actividades que se han permitido por quienes tienen la responsabilidad de cuidar a sus hijos, a sus hermanos y también ancianos. Cuando no hay una supervisión adecuada, se les roba materialmente su derecho a tener una dignidad inviolable, como lee la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Esta responsabilidad es extensiva a los que no siendo familia, propiciando o no la ocurrencia de estos delitos, conocen lo que pasa. La conveniente ceguera, sordera y mudez no es un eximente aun cuando los terceros no quieran involucrarse por miedo o por vagancia.
La sociedad se compone de todos. No debe haber personas en su triste soledad soportando el abuso de otros. La familia es una institución, pero a pesar de presumirse un centro de amor y de guardar el respeto entre todos, no es infalible porque en algunos familiares que quizás amemos hay el gérmen del uso y abuso donde se minimiza o justifica el castigo corporal, incluyendo el acceso sexual.
En este asunto hay que ser mas severos, porque muchos han sido las víctimas. Ya no hay que pensar en castigar a los culpables, sino a los que no prevengan la conducta negligente e indiferente con los menores. Eso evitará las huellas en la memoria y la muerte como consecuencia.
