
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Los analistas políticos generalmente hablan y escriben sobre lo que a su juicio es correcto e incorrecto de los gobiernos. En su proceso de investigación, generalmente utilizan, sin internalizarlo, las reglas que estableció el filósofo René Descartes, un genio de la filosofía y las matemáticas del Siglo XVII que cambió la manera de pensar antigua y tradicional de Europa y del mundo, dudándolo todo, para llegar a conclusiones.
No hay duda que la proliferación de recursos informativos en la Internet nos ayuda a tener más conocimiento y más rápido, pero nada cambia con el proceso de deliberación que ocurre en todos para llegar a otro conocimiento conclusivo preciso. Se supone que esos nuevos parámetros se conviertan en nuestros paradigmas y a la suprema aspiración colectiva. Si nuestro pensamiento es mediocre o malo, la consecuencia no será buena. El unico camino es hacer lo correcto.
A la ecuación de Descartes no le falta nada. Contrario a lo que algunos equivocados le atribuyen, no era ateo, al contrario, era un ser creyente pero temeroso de las instituciones de poder, represión y veto. En sus ideas, estaba un aspecto aparentemente irracional que es la intuición, aunque el lo trataba como un conocimiento olvidado o replegado para cuando se necesitare.
La realidad es que entre lo que el ser humano piensa y guarda en su subconsciente, está siempre la presencia de Dios, que nos ayuda individualmente a realizar toda gestión que compartimos con el colectivo, que puede ser un grupo de amigos, la familia, las instituciones o los gobiernos. Los colectivos pueden ser pequeños o más grandes pero todos tienen un alma, que tal vez puedan constituirse con todas las almas de las personas que lo componen y que comparten un propósito común.
Los historiadores no utilizamos los aspectos divinos para explicar sucesos, siempre la evidencia que respalde nuestras teorías sociales deben ser documentos, testimonios, tradición oral e imágenes basados en hechos reales y corroborables materialmente, para que nuestras conclusiones sean aceptables. También, la ausencia de información constituye un hecho que puede explicarse cuando se destruye evidencia o esta se descompone naturalmente por el paso del tiempo o por inclemencias naturales. Pero siempre hay algo que tengamos que conceder en tiempos de abundancia o de escacez de fuentes y es lo que creemos que fue el destino por quebrar leyes naturales, lo que se ha llamado el karma o ley de compensación.
En síntesis, la llamada Ley del Karma o Ley de Compensación, es un concepto muy antiguo. Es parte del lenguaje español y aparece definido por la Real Academia Española con dos acepciones:
- En algunas religiones de la India, energía derivada de los actos de un individuo durante su vida, que condiciona cada una de sus sucesivas reencarnaciones, hasta que alcanza la perfección.
- En algunas creencias, fuerza espiritual.
En el aspecto personal, creemos en la fuerza espiritual sin que tengamos que creer en alguna religión de la India o del resto del mundo. Lo que he aprendido sobre la fuerza espiritual es que reside en lo que llamamos alma y cada uno tiene la suya. Esa fuerza espiritual nos ayuda a sobrepasar los sufrimiento y dificultades de la vida material y nos va preparando para una vida eterna según los religiosos o para seguir mejorando en sucesión de vidas futuras bajo el concepto de la reencarnación.
Pero sin importar nuestras creencias, hay otro aspecto que tenemos que considerar y es que cuando nos juntamos con amigos, familiares, partidos políticos, instituciones, deportistas o cualquier grupo, nuestras almas se unen para un propósito común y entonces creamos un karma colectivo que si es bueno y productivo y no perjudicamos a los seres humanos ni a la naturaleza, habremos de ser compensados positivamente con abundancia y mejor vida. Esto no es distinto a las creencias religiosas que se han adaptado por las religiones y de las cuales hay muchas frases conocidas que la validan.
Si creemos en Dios, tenemos que cultivar en nuestro interior y en nuestros grupos un alma limpia, con pensamientos y actuaciones correctas. Examinando nuestro pasado político bajo esta premisa, encontramos coincidencias de hechos y consecuencias que han ocurrido y en el que los partidos políticos, los políticos y nuestro pueblo han sufrido por ello. Aparentar espiritualidad no nos ayudará, solo nuestro proceder colectivo real nos colocará en el camino de la justa compensación.
El karma colectivo, es pues, responsabilidad de todos.
