
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Anoche pude ver la película «El exorcista del Papa» con una actuación a mi manera de ver excelente de parte del actor Russell Crowe como el Padre Gabrielle Amorth, destacado exorcista de la Iglesia Católica en el Vaticano. Aparte del dramatismo infundido para fines de la producción y de la realidad de la persona que encarna, se hace un planteamiento serio sobre las consecuencias en nuestra época de las prácticas de la inquisición en el mundo, localizadas en este caso en España.
La historia nos trae muchos incidentes equivocados de las distintas iglesias, sectas, organizaciones místicas e instituciones espirituales que han atribuído al ser humano la capacidad de juzgar, enjuiciar y hasta castigar a otros por haber exhibido conducta aparentemente demoníaca. El límite entre una enfermedad mental detectable y una llamada posesión puede ser objeto de mucho debate, pero lo cierto es que ese no es el problema, sino el de cómo unos se atribuyen poderes sobre otros por dogmas, creencias y doctrinas.
La verdadera espiritualidad puede estar entre religiosos, pero el mundo espiritual es mucho más grande que eso. Se dice que Dios descubre a los falsos profetas y a los mentirosos pero todo en su tiempo, que tengan oportunidad de presentar su oferta a los fieles para luego ser desenmascarados y olvidados. Así también lo ha hecho con la Iglesia Católica y todas las demás iglesias del mundo, en muchas ocasiones en la historia. No hay nadie cuyo exceso al atribuírse que representa a Dios y haya ejercido un ministerio de mentiras, que no haya terminado mal. Los que por el contrario, son portadores de una moral intachable y creen y tienen fe en lo que saben, son agricultores del espíritu que siembran y cosechan almas de verdad.
Dios ha sido el mismo siempre, por lo que constituye lo único inmutable en todo el universo. La humanidad y su ambiente, van en continuo movimiento desde sus partículas más pequeñas hasta las grandes ideas realizadas. La brevedad de la vida, como le llamaba Séneca a este proceso que compartimos, no es tan breve nada según sus propios argumentos, sino que es solo nuestra sensación. En realidad esta no habrá de terminar con la muerte, sino hasta hasta que nos reintegremos a la Inteligencia Universal. Por eso muchos le llaman transición.
La inquisición es un borrón en la historia del cristianismo, pero otras nubes tapan en el presente el clima tormentoso del espiritualismo humano. Necesitamos menos creencia y más conocimiento. Esto no es una lucha nueva, pero muchos, buscando un significado para su vida, siguen considerando magia lo que son artilugios caducados.
