
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Tercera parte de un análisis sobre el gentilicio de los vegabajeños
El alma es un asunto intangible, no se puede probar como la tierra, el agua, las personas, la fauna y la flora que son visibles y evidentes. Pero está en los escritos místicos y espirituales, en la palabras de los sacerdotes, ministros, políticos y muchas otras personas públicas. Los poetas la mencionan y hasta la describen de distintas maneras.
Yo considero que Vega Baja tiene un alma propia. Está fundamentado en la cultura, el pensamiento y las acciones de los vegabajeños. Y está muy ligado a su cultura, pero va mas lejos, pues incluye la transculturación y la evolución propia que generamos continuamente en un proceso evolutivo. Si cada persona tiene un alma que proviene de Dios y a Dios retornará un día, asimismo la parte de nuestras almas que tienen que ver con nuestra relación con Vega Baja, forman el alma de Vega Baja.
El alma de mi pueblo la compartimos todos los que tenemos el sentimiento de ser vegabajeños. Para algunos, las experiencias son diferentes, pero el conjunto se define de una sola manera. Lo importante es que el alma es lo único que no muere y si somos vegabajeños con un alma de pueblo, esa parte también será eterna.
En nuestro escrito previo sobre el karma*, expusimos lo siguiente: La realidad es que entre lo que el ser humano piensa y guarda en su subconsciente, está siempre la presencia de Dios, que nos ayuda individualmente a realizar toda gestión que compartimos con el colectivo, que puede ser un grupo de amigos, la familia, las instituciones o los gobiernos. Los colectivos pueden ser pequeños o más grandes pero todos tienen un alma, que tal vez puedan constituirse con todas las almas de las personas que lo componen y que comparten un propósito común.
Tener un alma colectiva nos hace fuertes. Somos las partículas que han hecho la historia y la fuerza espiritual del futuro de Vega Baja con un sentido de pertenencia, de tangencia en el tiempo y de ubicación clara para la eternidad.
