60 segundos de reflexión: la verdad

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Decir la verdad es una de las experiencias más liberadoras que siempre han existido. Así lo reconocen las palabras de uno de los que escribió la Biblia (Juan 8:33) y ese era el lema de uno de los diarios de la década de 1960: «vosotros conoceréis la verdad y la verdad os hará libres».

Así, con ese español extraño, nos cautivó esa frase desde niño. Y nos motivó a pensar también cuál era la verdad. Luego conocimos la frase modificada del Libro de la Jungla de Rudyard Kipling: «Seis grandes maestros me enseñaron cuanto sé, llamábanse qué, quién, cómo, cuando, donde y porqué».

En mis principios en el periodismo hace más de medio siglo atrás, buscaba la verdad aparente que se pudiera respaldar con prueba mínima de hechos, sucesos y versiones. Cuando estudié historia, conocí que la verdad era una búsqueda infinita de la verdad en la que a veces no se pudiera encontrar todo y sólo nos acercamos cuanto nos permitan las fuentes que nos guían. En esta etapa, esa verdad que conocimos era más estricta pues tenía que estar basamentada con una jerarquía de verdades parciales y absolutas de tradición oral, documentos, testimonios e imágenes y de referencias a otras historias relacionadas previas. Posteriormente, en mis estudios legales y la práctica del derecho aprendí que dependiendo el tipo de caso, la prueba debe ser más allá de duda razonable en los casos criminales y por preponderancia de la prueba en los casos civiles. Otras ramas del derecho tendrían otras interpretaciones por las premisas en que se elaboraron por los juristas.

En nuestros estudios filosóficos nos encontramos con El Discurso del Método de René Descartes, soslayado como lectura complicada en la universidad, pero digerido con gusto en esta etapa de vida. Ese escrito me ayudó antes, pues conocíamos su contenido, pero ahora le damos la importancia que tiene para esa búsqueda.

Hay siempre verdades absolutas que podemos encontrar, pero en las verdades mundanas, estamos expuestos a fallar cuando así las creemos o nombramos. La percepción, que es la primer ayuda de todos, nunca es exacta, por lo que no es una fuerte definitoria absoluta de la verdad.

La mejor iluminación para encontrar la verdad es nuestro contacto con Dios. Cuando se ausenta ese vínculo nos perdemos en la incertidumbre y actuamos de forma parcial, incorrecta o improcedente. Cuando lo tenemos, sentimos que se abre la fuente completa del saber e interpretar. El ser humano tiene muchos talentos, pero la inteligencia universal lo tiene todo. No implico que tengo inspiración divina en mis escritos, de hecho sabemos que no alcanzamos ese nivel espiritual pleno al que aspiramos hasta que dominemos nuestras imperfecciones, pero no podemos ignorar ese recurso tan hermoso para nuestras vidas y que en este viaje temporero terrenal, es la mejor escuela que todos podemos tener.

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