
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Se ha establecido que uno de los lugares donde la longevidad es mayor es en la costa del Mar Mediterráneo. Netflix tiene una serie dedicada a este tema que es el producto de una investigación sobre cuáles son las razones de este fenómeno, que recomiendo a todos que vean.
En uno de los lugares que presenta el documental, nos dice que a los ancianos los empujaban desde un acantilado cuando dejaban de ser útiles y se convertían en una carga. Dice la leyenda que un habitante salvó a su padre y en secreto lo retuvo hasta que murió de forma natural muchos años después. El hijo se convirtió en un hombre rico, aprovechando la sabiduría de su padre. Por eso, allí cuidan a los ancianos, porque tienen el conocimiento y la experiencia de la vida y pueden ser de gran utilidad a las nuevas generaciones.
Ese afán de vivir en familia extendida por más tiempo y asumir la responsabilidad y carga que conlleva ese hecho, hace que las personas sean más felices y advienen en conocimiento de factores que permiten la longevidad mayor. Ellos transmiten el amor de generación en generación. Ocuparse de los ancianos es parte de las tareas que todos disfrutan.
Las comidas de estos lugares se elaboran con ingredientes que hay en muchas otras partes del mundo, pero la manera que obtienen de sus jardines y como preparan sus alimentos, establece la diferencia entre una pasta americana y la saludable mediterránea. Y lo mejor de todo, es que tienen los niveles de azúcar controlados, independientemente de las harinas que consuman.
El documental resalta el hecho de que los adventistas de Estados Unidos tienen un régimen acostumbrado similar en todos los aspectos de la vida y se ha comprobado que su promedio de vida es 4 ó 5 años mayor que el promedio.
Si hubiera más amor por los ancianos dejaríamos de verlos como una interferencia en nuestra vida personal. Al integrarlos a nuestro quehacer, no serían necesarios los asilos. En nuestra cultura lo vemos como un recurso que nos facilita nuestras vidas y a veces preferimos que otros cuiden de ellos, con las historias de horror que conocemos cuando falta el amor como causa.
Tal vez una próxima generación se prepare mejor para asumir esta responsabilidad parcial o totalmente con la ayuda que debiera proporcionar el gobierno e instituciones religiosas y de fines caritativos y no solo se extenderá la vida de ellos, sino también la de nosotros. Y la integridad física y moral de nuestros viejos dejará de ser una carga y se convertirá en motivo de felicidad para todos.
