
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Maria del Carmen Brull Torres es una dama vegabajeña muy preocupada por cada problema que tienen los vegabajeños. Ella se desempeñó en posiciones de poder en la antigua Autoridad de Fuentes Fluviales, luego Autoridad de Energía Eléctrica y ha sido legisladora municipal por su Partido Popular Democrático por varios términos. En esta última etapa hizo una labor de fiscalización extraordinaria como minoría en la Legislatura Municipal junto a Asterio Santos. Su labor consistía no solo en discutir y aportar inteligentemente al contenido de las piezas legislativas, sino también muy preocupada y ocupada por el lenguaje y corrección expresados en éstas. En la nueva composición de la Legislatura Municipal de 2013, no fue parte del grupo del nuevo alcalde, por lo que no revalidó, perdiéndose este experimentado recurso de gran importancia para nuestro pueblo en la rama legislativa.
No obstante, desde su merecido retiro como empleada y funcionaria pública sigue perceptiva a todo lo que pasa en Vega Baja y recientemente puso en letras grande que Vega Baja tenía la sensación de calor más grande de Puerto Rico. ¿Por qué pasa esto?
Nuestra ciudad es beneficiada por tener un amplio territorio con diversidad de escenarios naturales. No son solamente las reservas que conocemos sino hay también un abudante recurso de tierras y aguas que no conocemos, porque no están visibles. En nuestras tierras crece casi todo lo que se puede sembrar y hay agua para dotar del elemento a las cosechas, pero también ha sido mal utilizado por la mano del hombre y la avaricia de propietarios, desarroladores, inversionistas y constructores.
Históricamente, nuestro norte era una fuente extraordinaria de agua dulce, aun cuando estamos cerca, geográficamente hablando, del mar. Nuestros ríos y cuerpos de agua eran ininterrumpidamente navegables hasta pueblos del interior hacia la zona este central. Nuestro primer historiador formal, Luis de la Rosa Martínez, quien era cazador junto a su padre José de la Rosa, contaba sus experiencias de niño y jóven por medio de ríos y a través de otros cuerpos de agua que se conectaban entre sí por distintos trayectos. Pensemos que esto fue un factor para el desarrollo de los aborígenes, que se establecían cerca de los cuerpos de agua y luego para los españoles colonizadores cuyo primer objetivo era sobrevivir sin escacez del líquido, escaso en sus travesía por el Atlántico.
Esas aguas eran libres, pero fueron poco a poco siendo objeto de apropiación de quienes por su propio fuero o por autorización del gobierno español las fueron limitando al uso público. Sin agua accesible, la vida se empezó a dificultar y los hatos y las haciendas a realizar sus funciones con exclusión o limitación de los demás.
Los grandes proyectos del siglo XX fueron mermando las aguas disponibles y aunque ahora hay mucha agua en relación con otros municipios, la naturaleza ha sido alterada. Habiéndose interrumpido el flujo natural, no se irrigan los árboles ni demás flora de manera natural como en siglos anteriores. Eso ocasiona que se produzca menos oxigenación, por lo que el proceso de evaporación entre el cielo y la tierra se haya reducido en cantidad y frecuencia, haciendo más caliente nuestro entorno. Sumémosle el concepto evidente del calentamiento global producido en todo el mundo del cual estamos conectados y los errores de las naciones en permitir el daño ambiental no regenerativo.
Sé que la afirmación de Maria del Carmen Brull trae una preocupación de lo que se hizo y de lo que podemos hacer. Esto es una labor que requiere muchas mentes trabajando y una planificación que no he visto en ninguno de los gobiernos (federal, estatal y municipal) que nos rigen. Hay muchas iniciativas costosas a corto plazo que se realizan automáticamente, sin una idea de cuánto mejorará en el futuro nuestro ambiente. El recogido de basura es una de ellas. No hay soluciones a largo plazo que no sea que en unos años le tengamos que entregar el problema a otro poder cuando nosotros mismos causamos el mismo.
Hay áreas contaminadas en Vega Baja que deben limpiarse para sustituirlas en reverso por lo que antes permitía que la naturaleza se expresara. Hay que parar la construcción desmedida que no tiene futuro en su suministro de agua, tratamiento de desechos ni energía eléctrica porque hemos llegado al límite y la única manera es compartir los pocos suministros que hay, provocando otras crisis de abastecimiento.
En estas crisis no se ve solución futura. Y tenemos que sembrar, sembrar, sembrar, aprovechando el recurso pluvial como cuando teníamos los canales, aljibles, cajas de agua y letrinas en nuestras casas de lo que nos ocupábamos y que luego delegamos al gobierno.
María del Carmen nos ha dado la alerta y tenemos que interpretar lo que implica. Individualmente tenemos que tomar decisiones y luego dejar que el gobierno asuma sus responsabilidades. Los gobiernos, ya exhaustos por el mal uso de sus recursos económicos y con otros intereses políticos, no será más la primera opción del futuro para resolverlo todo porque no lo ha sido efectivamente en el pasado. Serán otras personas las que tengan el poder, pero la actividad insuficiente o peor será la misma.
Somos nosotros, desde donde vivimos y trabajamos, quienes tenemos que comenzar a mirar con otros ojos y actuar inmediatamente.
