
Por Edgardo Santiago Canales
El mes de septiembre es para mí, el mes de mayor relevancia en cuanto a mi vida
profesional se refiere. En el año 1989 y en el mes de septiembre dio comienzo mi carrera
policiaca. Entré a ser parte de la Policía Municipal de mi amado pueblo de Vega Baja, en ese
mes y en ese año. Hoy cuanto con 34 años de servicio, y de dar la buena batalla para que
estos cuerpos denominados Policías Municipales sean respetados y utilizados de manera
correcta, cosa ésta en la que tanto el gobierno del estado como la gran mayoría de los
municipios no hacen, y por eso fracasan.
El concepto de Policía Municipal tiene la significación que le daba su génesis,
“Policía Comunitaria”, y esto se puede constatar en la propia definición que le daban las ya
casi olvidadas propuestas “cops” oficiales de policías comunitarios. Como se puede
observar, es una definición muy distinta a la que los políticos nos tienen acostumbrados.
Estos cuerpos de policías, hoy por hoy están casi olvidados, irrespetados por quienes los
administran y mal utilizados, creo que eso es evidente.
La idea principal para autorizar la creación de estos organismos fue la de prevenir,
descubrir y perseguir el delito en todos sus aspectos, pero desde una perspectiva
comunitaria, asunto este en el cual se fracasó. Tenemos que observar que el gobierno
central y los municipios en contubernio, radicaron sendas medidas para enmendar la ley
que autorizaba la creación de estos cuerpos y dotarlos de los mismos deberes y
responsabilidades que ostentaba la policía del estado, esto porque en principio las
propuestas cops cubrían la mayoría de los gastos, sin mirar con ojo crítico que con estas
acciones dañaban la orientación original y perdieron su norte.
Lo que se hizo fue aquello que desde un principio se quería evitar, se creó un cuerpo análogo al del estado por cuya inobservancia hoy contamos con dos cuerpos haciendo lo mismo, pero de manera cuestionable.
Podemos presentar cualquier excusa, cualquier justificación, pero la realidad es que
existe una duplicidad de labores que convierte a ambos cuerpos en unos plagados de
ineficiencias e ineficacias. La consecuencia principal de lo anterior es el disparo en la
criminalidad, en parte por el choque de visiones que pueda existir entre el estado y los
municipios, en los que apuestan a los planes, hasta que hay que cubrir otras cosas, que no
necesariamente tienen que ver con el plan o los planes, pero son en alguna medida
auspiciadas por el ayuntamiento.
Entra en juego entonces el cuestionamiento del llamado
compromiso del gobernante, quien casi siempre jura que lo hay, pero que las acciones
dicen otra cosa.
Existe una serie de interrogantes a las que el gobierno central y los municipios deben
dar atención y respuesta a saber:
- ¿Existe un plan para combatir el crimen en el municipio?
- ¿El plan envuelve a las comunidades, base de fe, comunidades sin fines de lucro,
comunidades escolares, etc? - ¿Cuántas fases contiene el plan?
- ¿El plan anticrimen de la municipalidad, es de creación local o el ayuntamiento se
circunscribe al plan del estado? - ¿El plan del municipio es uno evolutivo, preventivo, reactivo, de rendición de
cuentas o una combinación de estos? - ¿Esta comprometido el gobernante local con la seguridad pública de su gente,
(pueblo)? - ¿Se han realizado estudios comunitarios de rendición de cuentas?
Las anteriores son interrogantes que muy bien valdría la pena contestar. A mis 34 años
de servicio, les agradezco la experiencia adquirida y expongo que es mi norte continuar
luchando para que las Policías Municipales del país tomen el derrotero que origino su
creación. - No es menos cierto, que como ser imperfecto, no me las sé todas, por lo cual me
mantengo enseñable y combativo. Gracias a Dios por permitirme servirle por este espacio
de tiempo al pueblo que me vio nacer y reitero que lo continuaré haciendo así hasta que El Señor me indique otra cosa. Dios les bendiga.
