
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Se dicen muchas cosas sobre el concepto de culpa. Inmediatamente, la culpa se relaciona a un castigo. La novela de Fiodor Dostoyevski, Crímen y Castigo, por ejemplo, trata el tema desde el punto de vista del interior de una persona que ha cometido un crímen.
Las religiones autoimponen las consecuencias de pecar y las películas religiosas dramatizan los sentimientos internos de arrepentimiento.
La culpabilidad es consecuencia de actos previos conforme a la ley, a la moral o las buenas costumbres. También hay algo de culpabilidad cuando se imponen creencias en la familia y en las tradiciones. Muchas de las culpas que llevamos son consecuencia de que nos impusieron o hemos impuesto una manera de conducir nuestras vidas porque creemos que esa es la mejor manera. Hay quienes son culpables y no se arrepienten. Buscan excusas y justificaciones porque la culpa para ellos siempre es de la otredad, o sea, ajena y se consideran válidos todas las acciones que se hacen.
El concepto de la culpa puede que sea frecuente o esporádico, pero todos lo sentimos, hayamos o no tenido la intención de cometer la desviación de los principios que nos rigen. Pero para el ser humano que quiere ser libre, pensar correctamente y hacer las cosas en beneficio de todos, debe comenzar teniendo una escala de valores inofensivos para los demás pero productivos para uno mismo.
Para salir de los sentimientos de culpa, hay que comenzar haciendo las cosas bien. Que el pensamiento sea limpio, sin nada que pueda interrumpir el seguir haciendo bien sin detenerse.
¿Qué hacemos con las cargas que hemos acumulado en nuestras vidas?
Primero, valorarlas retrospectivamente y calcular cuánto, cómo podemos revertir el daño causado y trabajar sobre el tiempo en que debemos eliminarlas. Si el cálculo es negativo, hacer lo mejor que se pueda para aliviar nuestro dolor. No podemos ser esclavos de los males que generamos si no hay solución porque tenemos la responsabilidad de buscar nuestra paz y la de los demás.
Segundo, seguir el plan trazado para el futuro de nuestras vidas, convirtiendo los pensamientos negativos por positivos en todo momento, planificando acciones positivas para el futuro o para la eventualidad incierta y vivir lo más sano que podamos.
Tercero, no pensar que cuando cometemos errores, somos culpables intencionalmente. Un error de cálculo con los elementos correctos, siempre va a suceder por las variables inciertas e insospechadas que se presentan. Pero no hay que angustiarse por eso, porque no ayuda al desarrollo interior.
Ahí es que tenemos que vigilar todo, pretendiendo, aunque no lleguemos a la perfección. Si decimos que estamos acompañados de Dios en todo momento, lo perfecto nos rodea. Alcancémoslo.
