
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
La historia del Salón de la Fama del Deporte Vega Baja Melao Melao comenzó en 1995 cuando a pedidos de ciudadanos, el alcalde Luis Meléndez Cano convocó a unos ciudadanos para crear una organización que honrara a los deportistas vegabajeños destacados. El Dr. José (Manel) Portela, un deportista vegabajeño y académico reconocido en todo Puerto Rico, junto a unos funcionarios públicos y otros deportistas conocidos locales crearon lo que se ha conocido desde entonces como la única entidad de carácter histórico y deportivo vegabajeña que siempre ha estado activa desde entonces.
Durante la administración de Luis Meléndez Cano la entidad, con el apoyo económico municipal fue en ascenso y prestigio. Se comenzó a celebrar a los deportistas y grupos desde el siguiente año de 1996, se nombró a un encargado pagado por el gobierno municipal y se ubicó un museo en el segundo piso de la Cancha Moisés Navedo de Vega Baja. Una Junta Directiva, compuesta de varios miembros, trabajaban durante un año nominaciones de deportistas y los elevaban en una actividad pública a la categoría de Inmortales del Deporte, lo que se perpetuaba con una tarja en bronce que se colocaba en el Museo.
En 2004 fue el último año del alcalde Luis Meléndez Cano. Al perderse las elecciones por el Partido Popular, se me designó como Presidente del Comité de Transición por el alcalde entrante y en nuestras sesiones recibimos al Dr. Jose Manuel Portela y a otros miembros del Salón, con un informe oral y escrito sobre lo que había sido la institución por los últimos once años. Ellos explicaron cómo esa interacción entre la administración y el sector privado deportivo había obtenido los logros de plasmar la historia, estudiada y correctamente expuesta para que los vegabajeños conocieran el norte de esa actividad humana tan importante para el sentido de pertenencia de todos los vegabajeños.
Al informarle al alcalde sobre esta materia, su asesor financiero preguntó cómo se podría tomar el control sobre la misma. Les expresé que desde el punto de vista legal, era una institución sin fines pecuniarias, que no eran funcionarios ni empleados municipales, que de acuerdo a las facultades concedidas y reglamentarias, ellos (la Junta Directiva) tenía total autonomía para tomar decisiones. El asesor financiero preguntó cómo se sufragaba y les informé que el Gobierno Municipal aportaba el dinero y que la Junta aportaba el talento y la dedicación de tiempo para que las actividades se realizaran con tanto éxito.
El alcalde Edgar Santana, a base de la recomendación de su asesor financiero, decidió mantener el museo abierto, permitir que se reuniera la Junta de Directores, mantener al empleado que atendía el museo, pero no aportar dinero para futuras exaltaciones ni actividades. El alcalde sucesor, Iván Hernández Torres, pese a haberse visitado por la Junta, como se hizo con Edgar Santana, tampoco quiso que se hicieran celebraciones adicionales, aunque cabildearon con la Junta para poner condiciones de personas que ellos querían que se exaltaran, a lo que la Junta se opuso, por ser contrario a la autonomía institucional y ser antideportivo. Si se hubiera cedido a las presiones oficiales, la historia se hubiera alterado con posibles exaltaciones que aunque factibles en un futuro, se hubieran hecho como favor político y eso, la Junta lo rechazó.
Entré posteriormente como miembro de la Junta Directiva por recomendación de Julio Reyes «el filósofo» con quien habíamos realizado varias actividades deportivas en la década de 1970 y quien siempre pasaba por mi oficina para hablar de los deportes en Vega Baja.
Los políticos siempre quieren tener el control de las cosas, especialmente los alcaldes en su propio municipio. Cuando Marcos Cruz Molina llegó a la alcaldía en 2013, inmediatamente nos ofreció su ayuda y la participación de su ayudante Rafael Figueroa Gaetán y otros empleados municipales. Financió la primera exaltación después de la «sequía de ocho años», como llamamos entre nosotros a ese periodo deportivo para el Salón, en que no hubo ninguna actividad pública. No solo hizo la aportación económica municipal, sino que facilitó el espacio en el Teatro América, abrió los contactos de comunicación, pudiéndose celebrar la memorable Octava Exaltación donde elevamos como inmortales a Juan (Igor) González, Iván Rodríguez, Pedro (Yongo) Crespo y Aguedo García, lo que capturó primera plana en los principales periódicos de Puerto Rico.
Se trasladó el museo para la Casa Portela y luego se mudó para otro espacio más elegante, pero reducido. Recientemente notificó que se desharía de todas las tarjas para poner unas placas más pequeñas para que cupiera el Museo del Deporte Vegabajeño que estaba planificando. Esa es otra, de muchas historias, que les contaré en los próximos días.
Continuará…

