El alcalde Marcos Cruz Molina está en negación

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

La historia de los alcaldes vegabajeños nos enseña que cuando alguno se ha aferrado al poder y comienza a ser déspota, es derrotado por los mismos suyos o por el pueblo. Actualmente el alcalde Marcos Cruz Molina está pasando por una borrachera de poder que lo mantiene inconsciente, como se dice por ahí, en negación. Y tiene que salir pronto de esta crisis o implotará.

El asunto de la casona no es rehabilitable públicamente. Se dice que el va a presentar, en apoyo de esta propuesta de Melao Holdings la deslumbrante presentación que le hizo esta compañía, que segun expresó, es una cosa de otro mundo. También mis nietas se deslumbrarán igual cuando este viernes las lleve al Cine Teatro Fénix a ver Paw Patrol.

El apego a esta gente desconocida y ajena a la que quiere poner a administrar por treinta años y a enajenar la propiedad de La Casona es sospechoso. Está hasta creando neologismo, con la palabra privatizar.

Esa actitud la vi en Edgar Santana temprano en su incumbencia y aunque tardó media década materializarse lo que denuncié en el Diario Vegabajeño entonces, se probó que mi conocimiento e intuición no estaban incorrectos. Al igual que Marcos Cruz me separó de mi aportación privada a la pública, los de aquella época también lo hicieron. Eso permitió transformar mi frustración en el servicio a otras personas y otros intereses, aquellos que habían estado al otro lado de esos políticos golosos con la propiedad y el bien público.

De hecho, el Diario Vegabajeño nació en mayo de 2006, como consecuencia de haberme dado cuenta de que el nuevo gobierno municipal estaba diseñado para robarle al pueblo, como prioridad y así la historia lo confirma. Desde entonces, en distintas etapas, estamos con esta plataforma combinada de información y opinión diversa para que nuestros ciudadanos tengan la idea completa y no lo que unos, con intereses propios y no del pueblo, quieren informar.

Nos hemos dado cuenta que los vegabajeños están alcanzando un nivel de consciencia mayor cada día, que su perspectiva es más amplia y menos irracional. La lealtad a políticos, a partidos y a ideales ciegos está cambiando por un paradigma de solidaridad con los asuntos que implican liberar cadenas, buscar el bienestar común y entendernos mejor como sociedad en un mundo conectado donde todos constituimos una unidad.

El alcalde está en negación. Está aliado a los intereses económicos y a su imprudencia de resolver un problema que ha tenido sin hacerlo por una década y que por acercarse las elecciones, mal aconsejado o por su propio error de juicio, pretende imponer la continuidad de la cadena que otros nos trajeron. Eso es indolencia, prepotencia y quizás otras cosas más.

Los franceses tomaron la bastilla para dramatizar la lucha contra la injusticia de sus gobernantes. La Casona es nuestro estandarte, nuestro símbolo presente por esos valores. Sin paños tibios, esto tiene que ser hasta que un alcalde que nada hacia atrás como el salmón se de cuenta que no puede contra las corrientes del río o hasta que por su locura febril sea despedido de su cargo o internado en una institución por su desequilibrio.

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