Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Durante la incumbencia de la gobernadora Sila Calderón se logró una obra de impacto mayor en Puerto Rico donde se tuvo que tomar en cuenta decisiones ecológicas en lugar de económicas multimillonarias rentables. Ese sacrificio fue una medida que cambió la idea generalizada de que los mejores lugares frente al mar había que explotarlos como recurso turístico, comercial y recreativo, como parece ser la política pública del Gobierno Municipal de Vega Baja y como se pretende hacer con la Casona de la Playa Puerto Nuevo de Vega Baja.
La Ventana al Mar es un lugar real, ubicado en la Avenida Ashford del Condado en San Juan. En 2004 ese enorme espacio público se construyó al lado de los hoteles Condado Vanderbilt y el Hotel La Concha. El espacio fue demolido y reconstruido por la Oficina de Turismo de Puerto Rico y es considerado como uno de los principales generadores de desarrollo de la revitalización del lugar, matizado por la multitud de construcciones de alto valor económico.
El arquitecto y urbanista Andrés Mignucci fue el diseñador. Por su excelencia, la obra ha ganado varios premios y reconocimientos fuera de Puerto Rico, incluyendo uno de Berlin donde se premia el Derecho al Espacio Público.
El lugar contiene una hermosa fuente central donde se ofrecían conciertos de jazz, llamados «Jazz al aire libre» y se venden productos de alimentos y artesanía. Allí estuvo el anterior Centro de Convenciones que se creó en la década de 1970. Eso cerró el acceso y la vista que tenía originalmente, haciendo que la gente tuviera dificultad para disfrutar de la playa. Eventualmente, por su cercanía al mar y falta de mantenimiento, el edificio se convirtió en obsoleto.
Hubo intentos para sustituir el Centro de Convenciones con un hotel «todo incluido» y otro condominio. El pueblo realizó protestas lo que valió la decisión gubernamental de rehabilitar los hoteles históricos contiguos y la creación de La Ventana del Mar. Desde entonces se disipó la brecha que había entre clases sociales en el lugar ya que el pueblo participa recreativamente de ese espacio y con accesos a la playa.
Demoler no es un problema nuevo para el Gobierno Municipal. Para fines de seguridad, demolió la histórica Junior High en la calle Baldorioty, que el alcalde Melendez Cano había separado para hacer la Escuela de Bellas Artes. Para fines estéticos y devolver las líneas arquitectónicas originales a la Casa Alcaldía, que cumplirá un siglo el próximo año, se demolió su cuarto piso.
En ambas acciones le expresamos al alcalde nuestra recomendación personal antes y después de tomarse las decisiones, porque se hizo lo correcto desde todas las perspectivas. En el caso de la Junior High, mi sobrino ingeniero Jose Juan Rodríguez Rosario (Pelón) examinó la propiedad de forma generosa y sin remuneración e indicó que la misma estaba en estado ruinoso y que aunque se podrían salvar algunas columnas y paredes, sería un procedimiento muy costoso en momentos en que las arcas municipales estaban bajitas y así se lo hice saber a Marcos Cruz. En el asunto de la Casa Alcaldía desde hace medio siglo, por escritos, he criticado el adefesio del cuarto piso de la Casa Alcaldía y había sugerido que se regresara a las líneas originales, lo que por fin se ha hecho.
A mi entender, un proyecto como el de Ventana al Mar es el que debe sustituir a la Casona. Si eso ocurre, no tendremos que preocuparnos en el futuro con obsolescencia estructural, reparaciones costosas al gobierno municipal o aumento en costos de servicio y productos cuando la entidad privada arrendataria tenga que tomar medidas de reparación por tormentas o marejadas. Es una ganancia para el pueblo y no para la empresa privada que pretende enajenarla por treinta años.
El espacio se le dejaría al pueblo, que al fin y al cabo es su dueño. Las necesidades se suplirían con camiones de comida privadas (foodtruck), como es ahora, pudiera haber espacios de poco o ningún impacto ambiental dedicados a la artesanía, que fueran itinerantes y que ante eventos naturales se pueden desplazar sin ningún daño. El acceso a los ciudadanos estaría garantizado y la vista desde la distancia de nuestra hermnosa playa sería de agrado y disfrute para todos.
He dicho anteriormente que una mejor playa se concibe únicamente con el desarrollo integral de toda la costa vegabajeña. Pensar pequeño es una seria limitada visión de perspectiva, porque el mar es continuo al este, antes de la desembocadura del río y hasta el Puerto Tortuguero.No podemos detenernos a pelear detalles cuando quedan tantos otros problemas que tenemos que resolver.
Por eso, el gobierno municipal no puede ir en reversa en este asunto. Tiene que, con el ejemplo, marcar el camino a seguir por los que ostentan propiedades privadas en lugares similares. Si crea la excepción, esta será la regla del futuro y habremos perdido la batalla de la conservación y mejoramiento de las condiciones de nuestro norte. Es el momento de reflexionar de verdad, no para buscar tiempo y justificaciones para lograr lo incorrecto y lo dañino a largo plazo, sino para que la verdad se convierta en acción positiva y unitaria. Vega Baja es uno, no se puede dividir.

