60 segundos para reflexionar: Detectar los mensajes de propaganda pública para no caer en el engaño

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

La propaganda pública siempre ha existido en todas las ramas de la acción humana. En el comercio nos «iluminan» con mensajes de lo maravillosos que son los productos o los servicios para que los adquiramos y consumamos. En la religión, los mensajes «divinos» nos compelen a apoyar ideas, instituciones y a personas que son atractivos porque nos van a ayudar a organizar nuestro desordenado interior y nos hacen creer cuáles son los caminos correctos en la vida. En la política, nos seducen las ofertas, el carisma de los actores y su mensaje de solidaridad y promesas a nuestras limitaciones y carencias.

El comercio ha sido regulado por el estado de distintas maneras. Las religiones han tenido que hacer sus ajustes desde que sus mismos creyentes han cuestionado métodos, actuaciones y filosofías. La política quizás sea la más libre de las ramas de la propaganda pública porque es a base de ofertas, demandas, cumplimientos o incumplimientos lo que redunda en el favor eventual del pueblo, que en los países democráticos, es regulado por los resultados de los comicios electorales cada cierto tiempo.

En todos los sistemas del mundo, los políticos han leído o conocen de Maquiavelo y de Goebbles y aunque generalmente al principio no quieren ligarse a ideas preconcebidas porque su corazón está de veras en el servicio público, esto con el tiempo cambia. Nicolás Maquiavelo es el escritor de El Príncipe y se considera por algunos como el padre de la política moderna. Puedo decir, con conocimiento, que Edgar Santana repetía muchas de las ideas de él que de alguna manera había aprendido de alguien que sabía como se movía la política. Su frase favorita del autor renacentista era «El fin justifica sus medios».

Joseph Goebbles era Ministro de Propaganda del gobierno alemán Nazi. Sobre sus consejos, Hitler tuvo ese impacto tan extraordinario en su nación. Su método era realzar mediante la propaganda actividades y presentarlas como las perfectas, lógicas y supremas para el beneficio de los alemanes y el mundo. El cambio de percepción llevó al agotamiento, reflexión y fin de esa manera de hacer política porque al fin y al cabo la gente se dio cuenta de que había mucha demagogia y mentiras en los que se decía y que detrás había un propósito de engaño al pueblo.

Hay dos tipos de política que pueden distinguirse desde un avión. Está la que hacer el funcionario público que siguiendo reglamentos, buenas costumbres de actuación y honradez, atrae la admiración de todos. Cuando ese mismo funcionario, en su insuficiencia de lograr un buen gobierno, recurre a tratar de difundir falsedades como verdades y manipula desde su poder los medios asequibles que controla para adelantar su causa, tiene una gran dificultad que eventualmente le traerá consecuencias.

Tenemos que estar alertas con los excesos de esos funcionarios, especialmente los más cercanos a nosotros, porque comienzan atreviéndose a hacer algo indebido y lo convierten en rutina. Y eso se traduce en el peor problema que pueda tener una comunidad, un pueblo o una nación.

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