
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Cuando comencé a estudiar derecho, había 10 causales o razones de divorcio en el Código Civil. Hoy día ni siquiera se necesita una razón particular, pues el mero deseo, lo que motiva el rompimiento, se queda dentro de la intimidad del matrimonio. Una de las causales de entonces era el abandono que significaba que al cabo de un año uno podía anteponer la causal de abandono si el cónyuge se había ido del lado del amado o la amada y no había regresado en ningún momento durante ese año.
Había una modalidad establecida por decisiones del Tribunal Supremo que constituía doctrina y era la del «abandono constructivo». Eso quería decir que no era el cónyuge culpable si uno de los dos se tenía que ir del otro por violencia física o sicológica o mero desinterés de la parte y se sentía abandonada por temor, podía divorciarse por esa causal aunque no hubiera sido la persona que se quedaba a vivir con el otro.
En la política, los que tienen el poder usualmente llaman traidor al que los abandona para tomar su propio rumbo. A veces, esa ruta es la del «abandono constructivo» del divorcio de antes. No se trata solo de los candidatos y alcaldes «caciques» que se perpetuan en el poder, sino todo líder que ya no se siente a gusto o que por distintas razones ya no quiere o no puede apoyar al que representa el establishment dentro de una organización política que opta por la separación. Se puede ser fiel hasta ese momento, pero la naturaleza egoista de muchos líderes y seguidores se ensañan contra los que comienzan a crear liderato por su cuenta. De hecho, a veces es necesario cambiar de enfoque, para beneficio del colectivo y finalmente para el pueblo.
No en balde escribía Agustín Alvarez Rodríguez en el mensuario El Suceso, quien creo que fue el único asambleísta municipal por tres partidos políticos distintos en Vega Baja, que la política es un estercolero.
La historia reciente está llena de esos llamados «traidores», nombre que le ponen para desprestigiar los políticos que piensan que pueden usar sus talentos para el pueblo de aquellos que se creen indicados, que son los dueños de los partidos o movimientos y no dan paso a otras realidades sociales con otras personas, que igual derecho tienen.
Eso lo he vivido por propia experiencia cuando fui Comisionado Electoral por el Partido Nuevo Progresista. En 1980, el candidato derrotado en 1968 por el Partido Nuevo Progresista, Obdulio Meléndez Mena, se postuló en las primarias en contra del otro candidato de 1976 Edwin Martínez Rolón que también perdió la elección a alcalde aunque su esfuerzo logró que se eligiera una asamblea municipal cuya mayoría la tenía el Partido Nuevo Progresista.
Meléndez Mena era uno de los llamados «traidores» que dió la espalda al Partido Estadista Republicano y se había acogido al Movimiento Estadistas Unidos y luego al Partido Nuevo Progresista a partir del Plebiscito de 1967 y que impulsó a Ferré y otros políticos a probar suerte en el escenario electoral. Se estima que si los miembros del Partido Estadista Republicano se hubieran unido al PNP, hubieran ganado las elecciones en Vega Baja en 1968. Tan exigua fue la victoria en 1968 para el Partido Popular que convirtió también a Rafael Cano Llovio, el alcalde incumbente ganador en un «traidor» del Partido Popular pues emigró al Partido del Pueblo para oponerse a su sobrino Luis Meléndez Cano, quien le ganó en las primarias y luego en la candidatura a la alcaldía.
Pero la historia de los traidores no termina ahí. Obdulio Meléndez Mena volvió a emigrar para las elecciones posteriores a otro partido, el Partido Renovación Puertorriqueña, llamado del «arcoiris» y que estaba integrado en teoría de «traidores» de otros partidos, especialmente del PNP. Creo que murió siendo finalmente penepé nuevamente, porque era un creyente genuino de la estadidad.
Lo de «traidores» está en la historia puertorriqueña y aun en la de Estados Unidos de América. Luis Muñoz Marín «traicionó» a Antonio Barceló en el Partido Liberal y fundó el nuevo Partido Popular Democrático con un triunfo relativo en esa elección siguiente de 1940, consolidando su poder en las siguientes elecciones hasta que su partido perdió la gobernación y la Cámara de Representantes en 1968 porque consideraron «traidor» al gobernador Roberto Sánchez Vilella con la consecuencia de la división de su partido. Dos presidentes de Estados Unidos, Ronald Regan y Donald Trump fueron primero del Partido Demócrata y luego se hicieron republicanos.
Dentro de los partidos políticos, el problema de llamar «traidor» a una persona que pudiera continuar dentro de la institución aun cuando perdiera una nominación, hoy día es cuestión de vida o muerte para un partido, especialmente en un pueblo como Vega Baja, pues eso hace que se pierdan electores que no van a votar o no votan por el ganador posteriormente en una elección.
La tendencia actual de los electores es de que están emigrando de los partidos precisamente en primer lugar, por los «bochinches» que se forman con el acoso o «bullying» que muchos hacen contra los candidatos y seguidores de candidatos que no favorecen. Hay quien piensa que burlarse o presionar sicológicamente termina en que la persona desista de su pretención o en el convencimiento de que deben votar por el «genuino», pero lo que hacen es agravar la tensión en las relaciones en las personas del mismo partido y desanima a los partidarios en general.
El concepto de lealtad puede ser dañino para el logro de las aspiraciones de un partido o movimiento político o para un candidato. Como persona, debemos ser fieles a nuestros principios e ideales y nunca pensar que un solo candidato o candidatos representan dentro de lo liviano o estricto, la llave para triunfar y disfrutar de ese triunfo colectivo que es lo que se interesa. Si en verdad somos fieles a los partidos, tenemos que aceptar sus candidatos electos democráticamente y sin truco, pero el juego dentro del partido tiene que ser limpio para poder capitalizar.
Mas que el ganar de las personas que favorezcamos, tenemos que preocuparnos por seleccionar a las que hagan ganar al pueblo. Nuestra lealtad debe estar orientar a escoger los mejores candidatos, no necesariamente los tradicionales que se autoimponen ni los advenedizos creídos pretenciosos y defectuosos, sino aquellos que verdaderamente representen lo mejor en todos los aspectos.
Quien actúa en una primaria o elección permitiendo las malas mañas o conducta lesiva contra otros candidatos, no debe ser nuestra primera selección, pues quien es honrado en lo poco, debe serlo después en lo mucho, cuando escale su meta final. La política primero tiene que ser diplomática, no una batalla en la que se despedazan los candidatos antes de llegar a la guerra y donde no se logren los propósitos para ninguno. Nadie quiere perder su tiempo, por lo que tiene que exhibir una conducta correcta. Recordemos que la solidaridad final es la mejor muestra de respeto que nunca se logrará, si no lo hubo en el proceso.
Un «traidor» es otra cosa. Si empiezan a escucharlo por ahí, identifiquen de donde viene y analicen si esa persona o grupo merece reconocimiento y participación o ignorarlo y hasta estar en su contra.
