
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
Los alcaldes y los legisladores municipales deben renovarse o elegir nuevos candidatos cada cuatro años. Eso es parte del sistema democrático de gobierno y nada tiene que ver con la eficiencia o deficiencia de los que ostentan ese poder. Ese es un término fijo, basado en un principio natural de que cada cuatro años hay un año bisiesto, o sea, un ajuste donde se añade un día para que el conteo de los componente del tiempo sea perfecto y responda a los movimientos de rotación de la tierra. Supone, al final, la posibilidad de confección de un calendario sin deficiencias ni excesos.
En otros lugares, los términos de incumbencia son distintos, más cortos o mas largos. En Vega Baja, el término usual, si no habían sustituciones o reemplazos en el interín, era de un año. Con el sistema americano en el nuevo Siglo XX se elevó a cuatro años. Algunos piensan que es excesivo, pero generalmente son los incumbentes quienes argumentan que es insuficiente porque «necesitan tiempo adicional para terminar su obra». Los términos continuos que logra un alcalde es un remanente, como hemos dicho antes, de la tradición de tener un líder en la vida de los ciudadanos en quien confiar al extremo de venerarle y a veces tenerlo como un dios. Así eran los señoríos de las haciendas, de donde se formó la unidad política menor conocida por barrios y en Vega Baja todo territorio pertenece a un barrio.
¿Hasta cuándo debe estar una misma persona en el cargo de alcalde? Es difícil saberlo, pero en principio, la pretención de una persona que es alcalde y que quiere seguir siéndolo, es un acto que compite en ventaja contra la participación posible de nuevos talentos que quisieran hacer cosas nuevas y buenas para su pueblo pues tiene a su haber los recursos del municipio del que es alcalde. Es democracia egoísta para el incumbente, por lo que los opositores tienen que hacer un esfuerzo mayor para demostrar que tienen las cualificaciones adecuadas para hacer un mejor trabajo contra la puiblicidad de «obra» que demostrará el alcalde.
Con los legisladores municipales es igual. La comodidad de ser legislador, especialmente cuando se es del mismo partido del alcalde, les permite moverse en primera instancia entre la vagancia y la aceptación absoluta de las ideas contenidas en los proyectos de ordenanzas y resoluciones del cuerpo legislativo que envía para su aprobación el poder ejecutivo, como se dice que pasa en nuestro pueblo. Recientemente una legisladora de mayoría, abrumada por la presión social, llegó hasta a criticar a este medio y con insinuaciones veladas sobre la conducta pasada del suscribiente, como una táctica de intimidación y para neutralizar la opinión pública, la política de publicación de ideas de este Diario Vegabajeño y la exposición de ideas que hemos vertido bajo nuestra firma.
Cuando ese abuso ocurre, que trasciende a la explicación sosegada y pensada que deben tener los legisladores municipales al expresar la intención legislativa, que es su función con los proyectos, se debe pensar que no están cumpliendo su función adecuadamente. El uso de la palabra por el alcalde y los legisladores municipales, debe mantenerse en el decoro y respeto y debe estar siempre orientado a decir, legislar y producir verdad en sus encomiendas. Con la verdad se reafirma la supuesta honorabilidad que conlleva su cargo. Con la mentira, el ataque politiquero y los ataques viscerales, no pensados, lo que anuncian es que ya no sirven adecuadamente para ejercer su cargo.
Los cargos públicos no se ganan para ser abusados, sino para cumplir sus funciones, deberes y responsabilidades. No son extensiones de las personas que los ocupan ni para que el incumbente beneficie su iglesia de preferencia con recursos de gobierno y su presencia en su carácter de alcalde y soslaye los religiosos de otra fe, destruya las instituciones privadas enviando espías para que le informen y luego estrangularlas para tomar sus funciones para su propia publicidad política, que utilice sus funcionarios y empleados para velar otros posibles candidatos y reunir información negativa de ellos para carpetear y que utilice los medios que el mismo gobierno municipal crea para vanagloriarse de los «logros» y nunca discutir las insuficiencias y los problemas que causa la falta de planificación adecuada. Hay que creen en el funcionario honrado, pero no en aquel que quiera hacer ver que hay destrezas financieras cuando crea partidas para lograr un supuestos superavit cuando hay partidas que se dejaron sin gastar como se proyectó en el presupuesto pasado.
Todas estas cosas pasan y alguien tiene que decirlas, aunque haya incrédulos que crean en la perfección de los políticos. Varias personas interesadas dentro y fuera del partido de gobierno local parecen haber visto una fisura en quien ostenta el poder local y piensan que ya no debe renovársele otro término. A todos les anticipo que el resultado de las pasadas tres elecciones le dieron el favor de todos los sectores, pero también les digo que el futuro no se ha escrito y que es probable y posible un cambio radical en el 2024. Ha ocurrido antes y hoy día, donde todos opinan públicamente, es más difícil mantener aura de santo.
Mi opinión es que el alcalde Marcos Cruz está en problemas. Coincidentalmente, un día después del fiasco de la aprobación el Proyecto de Resolución de la Casona, un legislador municipal renunció a su posición como legislador de mayoría por alegadas razones personales. Ustedes saben lo que se dice cuando el barco se está hundiendo.
En el conversatorio, era evidente el malestar visible de los que aprobaron la medida pues estaban en un ambiente hostil y vergonzoso evidente. En ese tema, aun están a la defensiva y perdidos en explicaciones banales y burdas, como botando el golpe, ante la vulnberabilidad demnostrada. Suerte que se vetó el proyecto que es una autocensura y censura directa a los que lo aprobaron, porque fue una legislación equivocada, desde que se le ocurrió esa idea al alcalde cuando se le agotaron todas, según el misma ha confesado.
Después de eso, el alcalde ha dicho a los medios que está esperando que venga el informe sobre la delimitación de la zona marítimo-terrestre para tomar una decisión cuando la decisión obvia es ir buscando los fondos disponibles que le indicó Laureano y anunciando que se habrá de iniciar la demolición.
Tiene que darse una vuelta a los expertos de Emergencias Médicas para que le enseñen que a los muertos no se le administra oxígeno. Ese cadáver está, como dicen en broma, bien muerto.
