
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
El asunto de capota y pintura es una buena iniciativa del Gobierno Municipal. Comienzo a describirlo con una frase despectiva, de doble sentido político. Porque a veces las cosas más dulces, nos saben agrias.
El centro del pueblo, que también llamamos pueblo tradicional y que se conoce legalmente como el barrio Vega Baja Pueblo, cosa que el alcalde no sabía y que hasta me confrontó cuando se lo dije en una reunión cuando creamos las banderas de los barrios, ha sido en el pasado el principal motor económico comercial de Vega Baja pero también la sede de los edificios principales de gobierno. Todas las importantes decisiones sobre nuestra ciudad se toman en este espacio.
Los edificios más antiguos también estan en este sector. Edificios que requieren un mantenimiento especial y que por estar ubicados en una zona histórica declarada por la gobernadora Sila Calderón, hace costosa su rehabilitación o restauración e incluso su demolición. Esta tiene que atemperarse a las reglas estatales de construcción y todo es caro en sus detalles para mantener en esencia la antiguedad histórica de las edificaciones.
El embellecimiento es una cosa y la utilidad práctica es otra. El embellecimiento es perceptual sobre unos edificios mayormente vacíos, sin ser útiles a nadie, pagando contribuciones sobre la propiedad y deteriorándose más cada vez, porque no hay un plan real de parte del gobierno municipal y la empresa privada no tiene esperanza de que pueda ser rentable ningun tipo de negocio allí. Y si alguno se aventura, no dura mucho, pues de noche es un pueblo fantasma.
Las razones son obvias. Primero, la poca seguridad. No hay policías estatales ni municipales suficientes para atender querellas de dueños que sufren los escalamientos y daños a las propiedades. Los delitos no se informan pues el proceso de investigación es lento y ya prácticamente se ha dejado a pérdida. El otro aspecto es la negligencia e indiferencia del gobierno municipal para proveer calles seguras, iluminadas y que de noche también sea un atractivo para los vegabajeños y visitantes. Eso de la falta de iluminación fue una idea de economía, que tiene que ser suplido de otra manera con focos especiales, en ocasiones especiales. Y los fines de semana, si no fuera por la actividad de la Iglesia Católica o un acontecimiento en el Teatro América o en la Plaza José Francisco Náter, pocos vienen.
El Teatro Fénix no es un negocio rentable, el cual está en manos del Gobierno Municipal como una única empresa municipal, en espera a su primer informe anual sobre ingresos y gastos, lo que no ocurrirá hasta el próximo año cuando tenga que hacerlo legalmente. Hasta ahora los números están en un murmullo alcalditicio de que solo da para cubrir gastos, pero no lo creemos. El proyecto es un logro, pero habrá que pensar qué hacer si al «tirar el tape», se imprimen las letras en rojo de déficit o pérdida. Ojalá que no sea así.
Se anticipa un problema temporero para Vega Baja. Después de haber abierto la calle Náter frente a la Casa Alcladía de aquellas máquinas y verja de cyclone fence, no se puede transitar por ella, debido a que colocan mesas y sillas para la gente que espera las tandas o que han comprado algo de ingerir en la concesión del Teatro Fénix. Me parece que discurrir el tránsito vehicular debe ser más efectivo y atrayente que encajonar y dirigir en una dirección solamente las calles Betances y Acosta. Cerrar un tramo de calle es convertirla en un callejón, limita la libertad del fluir vehicular en busca de un estacionamiento.
Súmele a eso el anunciado cierre de la Plaza José Francisco Náter para hacerle «mejoras», que nuevamente se cogió como otra excusa por el alcalde católico que regala pintura al templo de su preferencia con fondos municipales y que hace celebraciones municipales en él para proyectar su fe personal y hacer proselitismo político y religioso a la misma vez, y que impide discriminatoriamente el acostumbrado programa cristiano de agradecimiento espiritual y de paz que anualmente produce Mike Arroyo y que por su desafortunada decisión continua como alcalde, el productor evangélico tuvo que emigrar a otros barrios de Vega Baja y Vega Alta. Pero los católicos utilizan la Plaza como extensión de la Iglesia cuando tienen actividades, lo que es bueno. Lo malo es la discriminación religiosa del alcalde. Así no se puede ser buen cristiano.
Capota y pintura. Sin sustancia. Falta de amor y de visión del alcalde de Vega Baja o tal vez un desgaste por los errores que ha cometido en la ejecución de sus ideas. Pero nada es al azar.
