
Por Luis Arnaldo Rivera Torres
El cuento de nunca acabar con el alcalde camaleónico, «el de los manerismos», sus medidos pasos en pasarela, su derroche de verborrea, su diatriba insustancial, sus refranes de su yo interno, el que a la menor provocación reclama su » Pancho Jorqueta».
Quienes no despiertan a la realidad, continuarán observando a un Vega Baja como nunca antes, olvidado, maltratado, burlado, conformista, sobre todo detenido en el tiempo, como si el mejor ejemplo de los estragos causados por el huracán María en su paso por la isla sigue reflejado en Vega Baja.
Fue Vega Baja una vez una ciudad vibrante, comercios, industrias, servicios médicos, en fin, orden en todos los aspectos administrativos y sociales. Hasta aquel alcalde víctima de sus excesos y malas compañías hizo que Vega Baja brillaran sus campos y el casco urbano, no obstante, no supo aprovechar la confianza que el Pueblo le brindó.
Pero este de ahora, señores… como el mismo confiesa, «no soy simpatico«, pero soy serio«, «ni una ni la otra». Afabilidad, seriedad van de la mano del respeto, una sonrisa, un saludo cordial, un compartir en la calle fuera de vínculos políticos, humildad con la gente e identificarse con ellos en sus necesidades de servicios primarios, bajar las escaleras y caminar por el Pueblo un dia cualquiera, tomarse un café en la Plaza del mercado y comprar víveres allí, jugar una mesa de billar en algún barrio, menos formalidad y eso lo hace simpático a la vez serio y por supuesto el hombre que reclama ser.
Recordemos que ese alcalde subió al poder por problemas consecuentes de lideres de la administración anterior, un alcalde sustituto fue masacrado por una palabras políticas y supuestas exigencias que hoy advenimos en conocimiento no eran nada comparado a la inestabilidad politica social y el estancamiento que se vive en Vega Baja, cuando lo comparamos a sus pueblos vecinos.
