
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
En la pasada presentación de Marcos Cruz Molina ante la Legislatura Municipal en el Teatro América, el tomó tiempo para describirse como una persona «seria» y que según algunos, «poco simpático». El lo justificó de alguna forma para equipararlo a honrado y transparente, entre los muchos atributos que brindó a su misma persona como todo un narciso en esa ocasión, aprovechando la audiencia cautiva y el despliegue por las redes de comunicación oficiales municipales.
Parece, empero, que la realidad es otra y lo que voy a expresar no es un rumor ni una conjetura. Es el producto de varias entrevistas que he realizado a personas que han trabajado cerca y bajo la dirección del alcalde y que le atribuyen una personalidad fuerte, intolerante y demandante que raya en el maltrato personal. Y es también mi propia experiencia.
En justicia, tengo que decir que a Marcos nunca lo escuché hablar malo ni referirse despectivamente de alguien. Siempre se refrenaba al momento en que se hacían comentarios de otras personas y solo hablaba lo necesario sobre los asuntos. Nunca lo escuché hablar con profundidad sobre ningún tema, quedandose más bien en la periferia y resolver con lo que tenía. Nunca le vi vocación de investigador ni de descubrir verdades profundas, pero es el Marcos Cruz Molina que conocí y que parece que ha cambiado en algunos aspectos.
Funcionarios y empleados de su confianza hablan de su constante cambio de humor. Según ellos, desarrolla un ambiente de tensión en el trabajo porque continuamente está exigiendo el cumplimiento de tareas múltiples y con perfección. Nadie asegura que entrará con un «buenos días» y con una sonrisa a la vez, lo que esperan es el golpe emocional de una persona sola y constantemente preocupada de que sus ideas se materialicen.
Me dicen que cuando alguien le brinda una sugerencia, se queda callado. Puede que ser que la adopte, pero la hace suya y nunca da crédito a la persona que la creó. Incluso ha descartado ideas que después las acepta pero se ha dado el crédito personal de haberla creado él. ¿Es parte del ideario del alcalde de que es dueño de las personas y hasta de su pensamiento? A los subordinados siempre se estimula su eficiencia con el reconocimiento.
Lo malo es que el ambiente de tensión que crea es constante e intimidante, que en ocasiones llega a que la persona se sienta despreciada o desvalorada, aunque haga el máximo posible de hacer su trabajo conforme a las instrucciones recibidas. Alguno que otro de esos empleados ha tenido que recurrir a la ayuda sicológica y hasta siquiátrica porque la presión que ejerce el alcalde es desmedida e inhumana. Otros han renunciado o procuran evadirlo por su presencia imponente y desgraciadamente, maltratante.
De las personas que he tenido la oportunidad de escuchar su testimonio sobre el particular, me informan que su conducta es más contra las mujeres y las personas mayores que con los hombres y que sólo se complace en trabajar con jóvenes varones masculinos y hombres de mediana edad. Una de las personas entrevistadas dice que el siempre ha temido que una mujer lo acuse de hostigamiento sexual, sabiendo que hoy día la definición es más amplia que en el pasado. Sobre los mayores, en las redes de comunicación dicen que el ha estado dando oportunidades para retiros tempranos y así salir de los viejos en su área de trabajo, a los que cree ineficientes por no estar en toda capacidad para trabajar a su ritmo.
La sensibilidad a la vida humana, no importando la condición social, es fundamental para el servicio público. No debería haber personas sentidas por maltrato de un superior cuando hay tantas maneras de comunicarse de una manera afable, lo que resulta en mayor eficiencia y productividad. Esta es un área que como persona, el alcalde tiene que mejorar desde hoy, para que su servicio a los vegabajeños sea óptimo y desparezcan las quejas justificadas sobre una conducta injustificada.
Si hay raíces de amargura, inseguridades o influencias ejemplares de otros, tiene que eliminarlas. Ese aspecto negativo del posible candidato a reelección puede afectarle electoralmente, pero es más importante que internamente acepte su deficiencia y que se proponga una costumbre de mejoramiento de actitud, lo que le va a servir toda la vida y va a ser mejor para todos.
