
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
L
Cruzar de partido a otro es parte de los derechos del elector. Nadie puede interferir en el libre albedrío de los ciudadanos de escoger el partido que represente la ideología personal y las aspiraciones individuales de la creencia en un mejor futuro. Pertenecer a un partido político supone un acto de lealtad a los principios de existencia del partido que va por encima de cualquier otra consideración, pero nunca puede haber esa lealtad cuando los fundamentos cambian por actuaciones de otros y facilitan la exclusión.
Aunque nunca me botaron del Partido Nuevo Progresista, por actuaciones de los funcionarios de ese partido decidí un día no pertenecer más a la colectividad y dediqué años de mi vida a denunciar los actos ilegales en el gobierno municipal. Mi presencia era incompatible con el deseo propietario de otros. Contrario a ellos, desde jóven participé en cuanta actividad había y llegué a ocupar varios cargos en el nivel local y estatal, pero nunca me interesó ser funcionario público en ninguna de las tres ramas de gobierno en las que he trabajado por contrato o voluntariamente. En ese proceso en que me fui quedando con mi consciencia solamente, comencé a mirar otras opciones que habían a «rajar la papeleta» que significa la máxima expresión de votar íntegro por un partido político. Y creo que es mi zona de confort, políticamente hablando, pues no he vuelto a prestar mi libertad a niguna colectividad en particular.
La expulsión de José Ronaldo «Rony» Jarabo por el Presidente del Partido Popular Democrático, Jesús Manuel Ortíz, es claramente controversial. El concepto de afiliación de un partido puede variar, porque no es legislado, excepto para fines de votación en primarias y para la selección interna de los partidos a sus candidatos a cargos públicos. La afiliación supone lealtad al partido, pero puede renunciarse voluntariamente porque es un derecho a la asociación o a la libertad de no asociarse, garantizado por la Constitución.
Ser expulsado puede ser un ejercicio de poder futil y sin consecuencias, si no se ha hecho dentro de un proceso razonable. Como hemos dicho antes, un presidente de un partido no es dueño de un partido ni puede tomar todas las decisiones que quiera. Rony lo sabe y por eso ha catalogado la acción de Jesús Manuel Ortíz como la de un tirano que puede reflejar un peligroso carácter si llegara a ser gobernador. Certera respuesta de parte de Rony.
En Vega Baja, Agustín Alvarez Rodríguez fue asambleísta por tres partidos políticos distintos. Cuando de ser popular decidió saltar al Partido Estadista Republicano, no fue expulsado, aunque el renunció a su escaño municipal. Tampoco lo hicieron cuando el Presidente de la Juventud del Partido Popular, el vegabajeño Jesús Hernández Sánchez, fue parte de los populares pro estadidad en el Plebiscito de 1967 y quien luego se convirtió en Senador y Portavoz Alterno de la mayoría penepé. El Partido Nuevo Progresista, por su parte, no permitió que Jesús (Chu) Valle fuera candidato a alcalde en las elecciones del 2004, pero no fue expulsado luego de fundar un partido local «Vegabajeños Unidos» para contender contra el candidato Edgar Santana del Partido Nuevo Progresista. Penepés conocidos por haber sido funcionarios del partido apoyaron a Luis Meléndez Cano en su última postulación siendo alcalde y otros en las elecciones de 2008. Sin consecuencias.
El derecho favorece la continuación en un cargo público si la persona desafiliada fue elegida por una elección y no por designación, como son los legisladores estatales y municipales. Y si no corresponde a un cargo público puede tener consecuencias en la participación dentro del partido al que pertenece, luego de ser desafiliado. Rony Jarabo ha anunciado que habrá de apelar hasta los tribunales, si es necesario para defenderse de esa decisión.
Este asunto puede ser visto como madurez política de parte de Rony Jarabo. Quizás aprendió del gesto de su amigo, el novoprogresista José Granados Navedo quien luchó por la contratación de él, aunque era su rival político, cuando dejó de ser Presidente y legislador de la Cámara de Representantes y tenía detractores dentro de su partido. La amistad fue más allá de la lealtad a un partido en aquella ocasión. En esta ocasión Rony salta con su verdad evidente de que otro amigo, Miguel Romero Lugo, está levantando al San Juan que descuidó la alcaldesa popular Carmen Yulín Cruz y que lo apoya.
En las elecciones de 1960 en Vega Baja hubo una controversia con el alcalde Rafael Cano y el Partido Independentista, lo que requirió la presencia del líder Gilberto Concepción de Gracia. El problema era que los independentistas habían pedido permiso para poner su tribuna y los populares se le anticiparon ocupando el espacio con la de ellos. Finalmente, el alcalde Cano y Concepción de Gracia acordaron que una vez se celebrara la actividad de los populares, la tribunal popular sería usada por los independentistas, como así se hizo. Otro incidente similar ocurrió luego en un mítin del Partido Popular en la Calle Betances de Vega Baja donde fue orador el anterior presidente de la Cámara, el penepé Angel Viera Martínez como representante del Partido Demócrata y quien luego se unió al Partido Popular.
En los gobiernos no democráticos se crean dos tipos de ciudadanos que son los que pertenecen al partido institucional y los que no, lo que produce privilegios y restricciones dependiendo donde uno esté. En gobiernos presuntamente democráticos y en algunos municipios, como el de Vega Baja, hay algo de eso también.
El que se acerca al fuego, como Icaro, se le queman las alas, pero para apagar el fuego, hay que acercarse. Hay que dar del ala para comer de la pechuga. Esto actuación de Rony Jarabo en los albores de su ancianidad no es al azar, está bien pensada ya que no fue solo. Alguien ondeó las banderas populares en la actividad «ecuménica» de Miguel Romero. El azar no es común en los políticos y derecho tiene a expresarse como lo cree, sin el filtro político de los partidos, que todo lo encubren hasta que lo dañan.
