Lo que sentí anoche con Pedro y Magda, por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

En esta foto que tomó mi querido amigo Edgardo Pabón refleja un deseo que tenía desde hace tiempo y que la distancia no me había concedido: abrazar a estos dos buenos vegabajeños.

Pedro J. Brull Torres y Magdalena Pumarejo son dos hijos de nuestro pueblo que nunca han dejado de serlo. Ambos tienen una belleza interior distinguible de lejos sumado a una humildad y deseo de servicio permanente. Después, van sus demás características, que todas son buenas.

Aunque la Revista Vega Baja traza a grandes rasgos la trayectoria de Pedro y Magda, lo inmenso está en que han llevado una vida sana y productiva siempre. Y dentro de todo lo que han hecho, lo que resalta es el gran servicio que han dado a la humanidad. La humanidad de nuestro Vega Baja, nuestro Puerto Rico y más allá del Océano Atlántico. Dentro del curso de la trayectoria de otros grandes vegabajeños que sin perder sus raíces y retornando cada vez que hay la oportunidad, reafirman su vegabajeñismo, sellado con personalidades sólidas en ambos.

Creo que mucha de la buena fama de Pedro lo debe a la dama que escogió para acompañarlo toda su vida, lo que también ha funcionado de manera inversa. Son un binomio interactivo, una sola carne, como Dios manda. Son ambos un ejemplo para todos los tiempos que han vivido y continúan haciéndolo.

Me emocionó verlos, abrazarlos, estar con ellos, aunque fuera breves minutos, pues todos querían compartir también esa experiencia. Creo que deben seguir teniendo la atención de los vegabajeños, porque son de la gente que han obtenido triunfos que los elevan y los coloca en el cénit de nuestra historia vegabajeña.

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