Mi compromiso con la historia vegabajeña (1. Influencias), por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Mi preparación académica básica se orientó para el estudio de la historia, el bachillerato fue en humanidades con concentración en historia. Fui admitido en la Escuela Graduada de Periodismo que antes existía en la Universidad de Puerto Rico, porque sentía que mi vocación era la de escribir, pero una recomendación al azar y el deseo de mi padre me hizo solicitar admisión a la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana, donde culminé mis estudios en el año 1976.

Estando como estudiante, fui seleccionado por los profesores Angel García Martínez e Ida Cardona de Orenstein como Asistente de Investigaciones para la preparación del curso de Historia del Derecho Puertorriqueño que a partir del segundo año, se hizo obligatorio. En mi tiempo libre del trabajo y estudio, acostumbraba ir al Archivo General de Puerto Rico a reunirme con mi amigo Luis de la Rosa Martínez, quien llegó a ser director, a investigar documentos de los siglos 18 y 19 de Vega Baja.

Anteriormente, el vegabajeño Luis de la Rosa, quien era profesor de historia puertorriqueña y archivero, me introdujo a la historia vegabajeña en su fase más profunda cuando organizaba la parte histórica del Archivo Municipal en Vega Baja. El Centro Histórico de Vega Baja lleva su nombre a nuestra insistencia. Mi voz ni mi pluma se cansarán de expresar mi agradecimiento a él y a Genarín Otero por su apertura a participar de aquella gesta patriótica de organizar los miles de documentos encontrados en una covacha de la Casa Alcaldía.

Creo que desde niño comencé estudiar historia vegabajeña con el estímulo familiar, comenzando a escribir públicamente por un pedido que me hizo el alcalde Rafael Cano Llovio para los programas de fiestas patronales.

Comencé a investigar y a escribir sobre historia por estímulo familiar desde la escuela intermedia. Me impresionó el trabajo que sobre historia biográfica literaria publicó Julio Meléndez, primero en mimeógrafo y luego en el libro «Literatura Vegabajeña» y la historia general sencilla de Adrián Santos Tirado para la serie de Municipios de Puerto Rico que publicó el Departamento de Instrucción Pública a finales de la década de 1960.

Mi padre, Thomas (Jimmy) Rosario Flores, coleccionaba todo lo que tenía que ver con Vega Baja y me beneficiaba de ese archivo primitivo que tuvo. Nunca me limitó sino que estimuló mi acceso a documentos, libros y recortes de periódico, muchos de ellos correspondientes en los que colaboraba, revistas y libros de diversos autores.

Ese conocimiento pude complementarlo con la cantidad de fotografías que atesoraba en su archivo profesional como fotógrafo de retratos de personas, eventos y lugares y aquellos que el no había generado personalmente pero tenía reproducidos por encargo, participación en grupos culturales o por mera curiosidad. Con el tiempo he podido apreciar su interés nato por la historia, por las anécdotas, en coleccionar como una fuente futura de lo que ha sido la vida del pueblo que adoptó para siempre. Y sobretodo, ha podido plasmar la historia de Vega Baja a su manera, con sus limitaciones y el superaprecio que tiene por todo lo que se relaciona con la parte más feliz de su existencia que ha sido la de ser el patriarca de una familia que se ha reproducido también, siguiendo su ejemplo, con muchos frutos.

Me distingo de mi padre en que he tenido otras experiencias distintas a las suyas, ideas diferentes y que pienso que no tengo el impulso creativo continuo de su personalidad. Pero ciertamente me siento muy influido por su amor por todo, que lo manifiesta con hacer el bien siempre. Por la vía paternal mis antepasados eran políticos, periodistas y comerciantes. Mi bisabuelo Modesto, agricultor, era una persona importante para su barrio Garrochales entre Barceloneta y Arecibo y aparece opinando en un periódico a principios de siglo XX. Aprendí mucho de lo que hizo Victor Rosario Cordero por Puerto Rico, Vega Baja, el deporte y el magisterio y mi abuelo Esteban también, en la creación y primeros años del Partido Popular Democrático y el periodismo político local. Un sobrino, Carlos Narváez Rosario, ha seguido esa vena en el área de comunicaciones y ha sido reconocido por ello.

Mi madre, pasiva en comparación con mi padre, era generosa y empática con los que la conocieron. Hay gente que aun me da el pésame por haber pasado por la transición hace unos meses, pero no siento su ausencia porque cada día recuerdo algo de lo que me enseñó y me dijo y sé que ella, espiritualmente, murió en la paz más profunda que se puede aspirar. Ella, aparte de mi relación amorosa con ella como madre e hijo, era mi consultora sobre personas vegabajeñas, sus antecedentes y antecesores.

Con ella me sorprendía la información que tenía sobre su familia, sus vecinos y aun de gente que solo conocía por la relación comercial a través del negocio de mi abuelo José Belén Martínez Torres (Joyería de Pipo) o el de nuestro padre y ella (Fotografía Rosario). Tanto ella como mi padre siempre trataban de tener cerca a todos por lo que nuestro pequeño hogar era un hotel y restaurante para toda la familia extendida y aun para amigos cercanos. Tengo que nombrar también a mi bisabuelo Ramón Martínez Martínez, platero, orfebre y ministro religioso, cofundador de la Alianza Cristiana y Misionera, quien ha sido reconocido en algunas fuentes históricas.

Otra fuente de historia era la familia cercana. Mi bisabuela Carmelita me contaba siempre las cosas buenas de todos, mi abuelo Pipo hablaba dramáticamente de los héroes antepasados, Tio Tingo de los chismes y cuando Tia Julia se juntaba con mami a cantar, hacían los mismos cuentos de su vida, por lo que me los aprendí todos, como si fuera un curso de historia familiar.

Lo que quiero significar con estas cuartillas es que si alguien reconoce mi compromiso de vida con la historia vegabajeña, debe conocer todas las influencias que he recibido para que esto se materialice en esta forma. Hay un principio natural, que reconoce las ciencias físicas, que sostiene que a cada acción, hay una reacción. No estando en un mundo aislado de nada, sino en uno conectado con todo, era menester comenzar por el principio. Mi compromiso con la historia vegabajeña no nació solo, hay mucho más.

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