Actualidad Política| Algunos candidatos centrados en tumbar al otro, para que no llegue a la competencia

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

La política en Vega Baja se juega de distintas maneras, como en todos los lugares. Una de esas formas de llegar a ser candidatos son el de crear rumores para que las personas crean que los contrarios postulantes no son adecuados en su carácter personal, en el profesional o en cualquier acción de su vida.

Hace unos días me llamaron para contarme un chisme de un candidato a representante por uno de los distritos. Cuando investigué, era completamente falso. En otro caso, un usuario de mis escritos adujo que la candidata popular iba a ser impugnada por no tener residencia con un año de anterioridad en Vega Baja. Lo cierto es que es una vegabajeña genuina que estuvo ausente por educación y trabajo y que ya hace dos años ha cumplido cabalmente con este requisito. Otro rumor es que otro candidato a representante es homosexual, como si eso fuera un defecto.

Cualquiera que quiera impugnar a un candidato lo puede hacer, pero nunca sin consecuencias. No se puede intentar descarrilar a una persona de su propósito de servir porque otro candidato se sienta más cómodo sin competencia. Eso puede ser hasta un error de estrategia si se sabe quién está detrás de la impugnación, pues demuestra debilidad desde un principio y hasta corrupción. Y esa corrupción, si surge de un acto fácil, seguirá como costumbre cuando ejerza el cargo público.

Las cornamentas, los escándalos de la juventud, los alegados robos a las clases graduandas y ni siquiera casos radicados contra las personas son a menudo tomados en cuenta por los electores. En Estados Unidos los candidatos a presidentes se han equivocado mil veces, tienen líos donde está envuelta la moral -hasta vienen de otros partidos políticos- y eso no les impide llegar al más alto cargo. Asímismo, en los estados, condados y municipios de todo Estados Unidos se fijan más en el potencial ejecucional del candidato que en los detalles de errores, por el principio bíblico de que quien esté exento de errores, que tire la primera piedra.

Si una persona tiene un pasado tenebroso, tiene que estar dispuesto a defenderse con argumentos creíbles, cuando sea confrontado por eso. Pero unos errores no hacen un candidato inelegible. Nuestro mayor ejemplo es Luis Muñoz Marín, de una juventud desordenada y un problema de alcoholismo y drogas que superó, haciéndose mejor persona. Caminó por varios partidos y pensares, hasta el nacionalismo, que le tocó combatir como gobernador.

Antes, los llamados comités de odio, tiraban en las calles de Vega Baja y por debajo de las puertas de los negocios y residencias hojas sueltas anónimas para que la gente se sorprendiera de los «monstruos» que habrían al otro lado de la papeleta. El incauto a veces era creyente, como hoy día se le cree a La Comay, que tiene una agenda para cada «noticia», no dice toda la verdad y dramatiza y ridiculiza para acentuar faltas.

Los candidatos no deben pasar la línea fina de la decencia. Promover acciones descalificativas deben estar sustentadas de frente, sin emisarios, terceras personas, ni comités paralelos. Toda crítica, objeción o expresión debe salir de la pluma y de la boca del candidato que impugne al otro con razón y justificación. De lo contrario, debe calificarse como una mentira o un acto de cobardía que son dos cualidades que no deben tener los futuros funcionarios públicos que elijamos.

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