
Por Thomas Jimmy Rosario Martínez
En mis años de infancia no recuerdo movimiento en el Día de Acción de Gracias, pero tal vez era que como mi padre era independentista, no celebraba las efemérides de orígen en Estados Unidos. Por eso no venía Santa Claus a traer regalos, sino en el Día de los Reyes Magos. Era tan fervoroso en ese día, que en una ocasión se inventó regalar juguetes en la Fotografía Rosario, lo que causó un tumulto de gente cuando se acabaron los que tenía disponibles.
Mi madre, fallecida el 12 de julio pasado, era inventora y no quería cuenta con la comida. Le gustaba cocinar, hacer de todo y que todos comieran. Y lo que siempre sobraba, porque era exagerada en las cantidades, que se lo llevaran para sus respectivas casas, porque siempre sus alimentos procesados eran frescos, guardaba muy poco. Yo sospecho que ella abrió la celebración en casa. Desde entonces creamos la tradición. Curiosamente, no para celebrar la historia americana de los peregrinos a la cual debemos nuestra celebración sino para celebrar de verdad un día de dar gracias a Dios por lo que tenemos y podemos compartir.
Con ella en cama, que ya no podía cocinar, hemos continuado la celebración, a veces fragmentada, porque la familia se ha reproducido con nietos y bisnietos y algunos vienen a visitar pero a veces ya se han comido el pavo en otra parte o se lo piensan comer en su próxima visita a otro lado. Comoquiera, es un día donde nos comunicamos efectivamente, porque es la antesala de Navidad.
El menú es internacional porque el pavo ni las batatas dulces son nativos. Viene de Estados Unidos y se sazona y complementa con Africa, el Caribe y Puerto Rico. Es obviamente un día más promovido por el comercio que la espiritualidad y que nos anuncia la apertura del desenfreno por obtener artículos de consumo en el día siguiente. Como si todo lo que nos comemos en Thankgiving sirviera de fuente de energía para poder correr y alcanzar metas el día siguiente. Aunque antes también hay competencias de carreras en los días previos, lo que se ha hecho muy popular en las escuelas y las comunidades, con el supuesto de que se alcanzará el pavo que se va a comer el jueves, pero que en realidad parece ser como una práctica para correr al evento del viernes negro.
La gente abre la época navideña el Día de Acción de Gracias, lo que son otras fechas instauradas más por los negocios. Se supone que ahora se darán descuentos en la mercancía que compraremos más cara en las siguientes semanas pero que lo que queda, costará más barato en los últimos días del año. Eso es para que no se quede como inventario tributable ni como mercancía vieja que es sustituída por las nuevos artículos a promocionar el próximo año.
Si interpretamos la historia de esta celebración, sabremos cómo se mueve el mundo que está pendiente de la materia, en una sucesión de eventos que comienza hoy. En mi familia, lo que puede ser importante para otros, para nosotros es trivial. Mi madre Yuya mantuvo la llama encendida para agradecer a Dios en este día y esa lumbre no se la llevó su ausencia. Mi padre mis hermanas y yo, acostumbrados por la nostalgia y la belleza del presente, habremos de continuar la verdadera tradición que habita en nuestros corazones.
