Sesenta segundos para reflexionar: Celebrar cumpleaños

Por Thomas Jimmy Rosario Martínez

Todos los años, al cumplir años, reflexionamos sobre la vida y la muerte. Pero al cumplir más y más años en que celebramos la vida, menos y menos la vamos a tener, por lo que celebrar no debe ser apropiado, sino reflexionar sobre lo que hemos vivido y ponernos en actitud para cuando nos toque dejar para siempre eso que llamamos vida.

Cuando niño, me emocionaba que llegara el día de mi cumpleaños pues había por lo menos un regalo misterioso qué abrir, aunque en realidad habían muchos, porque mis padres, mis abuelas y mi madrina se acordaban mejor que yo del día en que nací y para ellos era también un acontecimiento.

Luego de mi cumpleaños o después de él, mi madre me daba una ofrenda para que la depositara en una cajita de plástico con forma de iglesia donde abrían el «campanario» y el próximo domingo allí yo echaba la misma, a la vez que el Reverendo Cardona hacía una poderosa oración por mi salud y luego la congregación de la Alianza Cristiana y Misionera me cantaba el corito «Te deseamos felicidades, te deseamos felicidades, al cumplir un año más y que tengas muchos más, te deseamos felicidades».

De verdad que la solidaridad de aquellos hermanos tan compasivos y amorosos encendieron la misma chispa que ellos tenían, pero en mi corazón. Algunos eran mis familiares, de los que habían fundado la iglesia en 1903, otros los conocí porque eran mis maestros de la escuela bíblica, amigos o clientes de mis padres en su negocio o compañeros de la Escuela Padilla.

Como escribió Neruda, «confieso que he vivido». Y lo mejor ha sido en mi hogar o cerca de él, como en esa iglesia donde di mis primeros pasos como creyente y en este pueblo, donde aprendí a caminar, hablar y hasta sonreir con experiencias como esa.

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