De fetiches, corridas y prejuicios en el Teatro América de Vega Baja por Carlos Manuel Rivera Rosado

Por Carlos Manuel Rivera Rosado

El pasado martes 28 de noviembre asistí al monologo “El come pantys” del dramaturgo y narrador Carlos Canales. Llegué junto al periodista colombiano Fausto Pérez Villareal, quien estuvo en la isla presentando su libro Richie y Bobby en el corazón de Baranquilla. allí también me encontré con el actor Rubén Figueroa, uno de los actores más granados que he conocido.

Ante un nutrido auditorio en el segundo piso del teatro, presenciamos una puesta en escena que levantó muchas interrogantes. Confieso que cuando leí el titulo de la pieza, me imaginé que sería una joda total, la típica comedia de situación que sirve de divertimiento para el público. No obstante, a medida que el monólogo iba adquiriendo vida, estoy seguro de que todos o la gran mayoría experimentamos esa extraña sensación de tratar un tema muy serio y al mismo tiempo contemplarlo como un chiste de barrio que se riega entre una comunidad alarmada.

El monologo, bajo la dirección de Canales, fue interpretado por el actor Roberto Carlos Martínez Ruiz quien entregó una actuación muy cuidada. Fue efectivo y capaz de encarnar a ese bizarro personaje que constituiría un reto para cualquier actor. Utilizando un espacio minimalista y una silla, el montaje se realizó sin mayores contratiempos y recibió una muy buena acogida de los presentes.

La historia de este hombre que tiene esa extraña fijación de robar y oler la ropa interior de las mujeres se enmarca en una serie de subtemas que problematizan el drama más allá del morbo y el fetichismo. Los prejuicios sociales, la violencia, la ausencia de comunicación asertiva, los falsos valores eclesiásticos y la falta de ayuda profesional son solo algunos de los tópicos que emergieron alrededor de la historia representada. En varias ocasiones, el personaje admite que necesita ayuda, pero es marginado, señalado y juzgado en muchas instancias. Esta reacción al personaje es la que cala en el público porque se percibe como una falta de sensibilidad ante la angustia del semejante y el juicio severo sin mediar la oportunidad con acciones correctivas clínicas. Por lo tanto, el monólogo provocó risas en los asistentes, pero también muchos cuestionamientos y comentarios atinados que se dieron en un apropiado foro al finalizar la pieza. En este sentido, el monologo cumple su cometido de divertir y también indagar sobre lo que somos y en qué nos hemos convertido como sociedad.

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